Minuta del polvo

Minuta del polvo

Para los muertos

Para los vivos, porque algo queda

 

 

Vibra un clamor en el grito del aire,

fiero beso de migraña sellado

en un soplo tibio, en un pulso helado;

la voz recrea una oquedad inane

y el polvo encarna con la sangre

haciendo llaga un puño débil,

seguro en su incierta desnudez.

El espacio no amamanta heridas,

sólo abrojos de engañosa tez

que tornamos luces habitables.

Queda la carne, el rumor estéril

de una esperanza hija de la noche,

nictálope en su calor forzado,

ciega aún ante el parto temporal

de su futuro, gesto del presente.

Dentelladas pide el muerto suelo,

que la sepultura es vieja madre;

hallarás entre tu tierno duelo

el agua de tu manida orfandad,

simulando tu reflejo, tu bondad.

Cruzarás la piel inerte de una tumba:

sentirás tu rostro al paso de tu mano.

 

Tacitus

Fisura

Las partes se distancian

                                                               se dividen

la tierra se agrietó,

dentro de ella

era desgaste.

Fricción que provocaba

calor que acababa

lentamente;

ardor y furia de la tierra.

Se resquebraja y el temblor rompe,

aniquila, pulveriza, descompone.

Niños que lloran varados

en la tierra,

jóvenes extrañando

resisten la grieta.

La tierra nunca volverá a ser una

cada mitad                                         acaba en su lugar

Adivina, adivinador

¿Quién soy, quién soy?

Que todos me temen y se cubren,

ante mí el más fuerte tiembla

y el más débil sucumbe.

 

Traigo más calidez que ninguno

y estoy lleno de contradicción:

dejo sordos a los músicos,

y sin habla al orador.

 

Hago llorar a los fuertes

y conmigo los valientes tiemblan.

No en vano me evitan los prudentes,

porque cuando aparezco los encierran.