Bienviniendo

Dedicando con F

Un día leía que leían, sobre la vida, sobre la muerte, en el presente. Sobre las flores marchitas y sus primaveras que pintan rostros en las lágrimas, en las angustias, en los colores. Leía que leían sobre la crisis y los problemas y las carencias. Leía que leían sobre pobreza, sobre riqueza y sobre una mesa. Y sobre todo leía que leían, con miedo, con elegía, con displicencia…

Y una pausa me detuvo el llanto –como el momento en que se quiebra una burbuja–, en un espasmo, en un instante, regresando al corazón cierta esperanza; como una madre que consuela el desconsuelo que enmascara en la caricia; cual cristal de una visión desempañada por las lágrimas; visión del ya y del todavía que se cuela por el alma como un rocío de primavera –aunque marchita– pero común a una nueva voz que se une a coro con nosotros, nosotros y nuestro ocio, nosotros y nada más. 

Gazmogno