La real tiranía

Hasta donde tengo entendido sabio es aquel que actúa de manera contraria a como lo hace el ignorante, mientras que el primero ve, el segundo no ve, mientras que el primero escucha, el segundo ni siquiera oye y mientras que el primero calla para poder atender a lo que se le dice, el segundo habla y habla para hacer callar a quienes tienen algo que decirle.

Alguna vez se me dijo que un rey sabio se sienta en el trono, porque sentado se puede escuchar mejor a quien llega solicitando audiencia, el tirano en cambio suele estar de pie ante la asamblea y busca hacerse escuchar sin ceder la palabra a otro.

La real tiranía debe ser la que se ejerce de pie, hablando y cerrando los ojos ante cualquier espejo que pueda mostrar a la verdad, que no peca pero tampoco deja de ser dolorosa.

Cristo como sabio y rey bajó del cielo y escuchó por treinta años, habló por tres y perdonó a los culpables hasta 70 veces 7, los que pregonan la tiranía, como Tiberio en tiempos de Cristo,  hablan muchos años, no suelen callar un segundo y en lugar de perdonar culpan y responsabilizan a otros por cualquier cosa que pasa en donde dicen gobernar.

Maigo

Inocente preguntilla: ¿Qué tan objetiva es la información que proviene de quien no ve y no oye?

El gobernante del pueblo

Por lo regular aquellos gobernantes que dicen deberse a su pueblo acaban más locos que los que los vitoreaban cuando inician su gobierno. En poco tiempo el miedo a perder el poder conseguido tras muchos años, digamos unos dieciocho, se apodera de ellos; y con tal de afianzar su lugar como mandatarios cortan lenguas y envían a sus opositores al exilio o al cadalso.

A veces surgen defensores de aquellos que inician con un buen gobierno indicando las dificultades de una infancia difícil, llena de austeridades y privaciones, a veces las incoherencias de aquellos que se ganan el título de Gobernante del pueblo, se justifican en la presencia de fiebres.

El caso es que ya sea por dolores y estrés o por las fiebres que atacan a un cerebro débil, en ocasiones aquellos que ostentan el nombre de Gobernante del o para el pueblo, aquellos que dicen deberse a su pueblo, se convierten en seres peores que los opresores de los que supuestamente libraron a quienes los vitorearon cuando llegaron al poder.

Calígula, por ejemplo, estuvo sometido a la voluntad de Tiberio desde que era niño hasta que heredando el trono se convirtió en César. Fueron años de sospechas y de un constante encierro y también fueron años de convivencia con su antecesor Tiberio.

En siete meses se convirtió en Gobernante del Pueblo, y tres meses después de esos siete, de él se apoderaron la locura y el miedo, no quería perder el poder que en sus manos tenía y para mantenerlo se dedicó a asesinar y callar a su querido pueblo.

Ese pueblo que lo vitoreó al ver que en nada se parecía el nuevo César al anterior, especialmente cuando se habían cancelado algunas costumbres de Tiberio. Ese pueblo que se desencantó al ver que tras unos meses regresaban poco a poco las crueles y sangrientas costumbres del gobernante que no era del pueblo.

Maigo.

Función matinal

Cuentan algunos, que en ese tiempo vivieron, que tras la muerte de Augusto el turno de gobernar llegó a manos de Tiberio. Dicen que el nuevo César rechazó de Emperador el nombramiento, que públicamente desistió de hacerse llamar padre de la romana patria y que salvo por sus actividades privadas solía ser bastante sosegado, al menos al principio de su gobierno.

Lo que importa de lo que cuentan, aquellos que vivieron bajo el régimen de Tiberio, creo no son los excesos o su capacidad para dejar en el erario varios millones de sestercios. Creo que lo que puede resaltar más en ese gobierno es el debilitamiento del Senado mediante inconvenientes nombramientos.

Tiberio como gobernante, a un lado hizo las leyes y modificó las costumbres de tal modo que la posibilidad de elección se le fuera quitando al pueblo, más decían las aclamaciones en el circo sobre el bienestar de los romanos que la participación en las asambleas que determinarían sus pasos.

Con circos y espectáculos Tiberio mostró que lo que gobernaba era a un grupo de cerdos, complacidos con los placeres y dejando de lado las libertades que los convertían en pueblo, en lugar de asambleas los romanos acudían a ver cómo es que entre algunos se mataban en honor al gobernante que decidía hacer más cómoda la estancia en la arena en la que se celebraban los juegos.

Tal pareciera que el éxito de Tiberio consistió en liberar el gusto de la gente por lo espectacular y lo grotesco, en medio de los espectáculos circenses a muchos opositores juzgo y condenó a que fueran muertos.

Estando en el siglo en el que estamos, los pueblos se transforman en hatos de cerdos, dejan de lado la asamblea y lo que en ella se puede cuestionar en serio, prefieren los espectáculos vanos: llenos de chistoretes y descalificaciones, llenos de batazos y términos beisboleros. Es como si nadie quisiera saber cómo estamos o si nos llevan a un despeñadero.

Maigo.