La mujer más digna

La más digna de las mujeres se asumió como sierva, y sin presumir humildades se fue a atender a su prima, que estaba por dar a luz. Ella embarazada, y con el riesgo de ser señalada por una comunidad dada al juicio fácil, siendo la más digna se puso a cocinar y lavar pañales.

Tiempo después, al regresar a casa se enfrentó al peligro de ser rechazada, vilipendiada y hasta apedreada, pero la fe la mantuvo hasta el momento de dar a luz.

Siendo la mujer más digna entre todas, parió en un establo rodeada de animales y pastores, y en lugar de quejarse por este tipo de dolores guardó silencio y agradeció la bendición que recibió.

También calló al enterarse que una espada atravesaría su corazón, y al tener que dejar todo para irse en calidad de refugiada en tierras con costumbres y con una lengua extraña.

Pasó de ser madre a ser fiel compañera, una vez que su hijo tomó su camino y junto con él subió la terrible cuesta, e incluso lo bajó, lo bañó con sus lágrimas, y aún así la fe que la sostuvo nunca perdió.

Siendo sierva, sin ostentar una humildad palaciega, sin presumir de honesta, siendo oído atento más que voz cantante y siendo silenciosa más que discursiva respecto a la esperanza con la que vivía, María se convirtió en el refugio de los dolientes y arrepentidos.

La mujer más digna es la puerta del cielo porque nos enseña a tener fe a pesar de lo que vemos, calla al decir “hagan lo que mi hijo les diga” y nos acompaña al cielo que es real y no a la falsa promesa que se esconde tras las farsas políticas, tras reparto hipócrita de bienes y tras la búsqueda de amores comprados como aquellos que sólo puede recibir un Tirano.

Maigo

Un político en el diván…

– La culpa la tienen los otros, los que estuvieron aquí antes.

-Ellos hicieron todo mal y sin pensar en mí o en mis futuras necesidades.

-Pero, hombre, date cuenta de que estás siendo juez y parte.

-Ellos son los que no entienden, ellos son aquí los únicos culpables, por sus actos inconscientes yo vivo como miserable, teniendo todo no accedo a nada y por su culpa mis actuales fracasos son más grandes.

– ¿Y qué ganas con culparlos?

– El mundo debería darse cuenta de que yo soy bueno y que si hago cosas desagradables es porque cargo un pasado lleno de contrariedades, yo soy bueno, si algo malo hago es porque ellos son los culpables.

-Culparlos no te garantiza la comprensión sobre tus acciones desagradables, si sólo vienes a culparlos no lograremos avances.

-¿Me está sugiriendo que olvide el pasado y deje todo así como así, eso no me lo esperaba de usted y de los que como usted se dicen profesionales?

-No te estoy pidiendo olvido, sólo una mejor comprensión sobre tu pasado y aquello que se esconde en las profundidades, si crees que esto sirve sólo para encontrar culpables entonces en tu tratamiento jamás encontraremos avances.

(Haciendo muecas y sonriendo el interlocutor se levantó de su asiento, salió del consultorio y decidió no volver por aquellos lares, por un momento pensó que el análisis de su alma consistía en encontrar culpables, pero nunca entendió que de todos modos de sus actos tenía que hacerse responsable)

Maigo

¡Flores para el Tirano!

Desde tiempos muy remotos los tiranos se echan flores, pues la envidia los disuade de ver a la cara sus errores.

Algunos exigen de las audiencias aplausos, emulando a cierto emperador que mató de insolación a un público callado.

Desde tiempos muy remotos, los tiranos se echan flores y se cuelgan los collares que otros ganan: cierto emperador comodino con trampas vencía a gladiadores y se colgaba victorias que pertenecían a los mejores.

Algunos se cuelgan medallas y militares honores, haciendo que los tiranos de antes parecieran menos peores.

Desde hace muchos siglos los tiranos se creen mejores, y se encargan de destruir a quienes destrozan sus ilusiones como lo intentaron 30 tiranos contra un hombre llamado Sócrates. 

Tiranos ha habido muchos y muchos han sido sus víctimas o detractores, y entre las luchas por el poder siempre han estado las flores. 

¿Será que entre flores los tiranos ocultan la podredumbre que los aleja de ser hombres?.


In memoriam:

 Te marchaste de manera repentina,

porque repentino es el último suspiro.

Sin aliento me quedé tras tu partida…

Pero con la esperanza del perdón

que dejaste alegremente en mi camino,

te marchaste de manera repentina…

Los recuerdos sobrepasan al olvido,

Gracias Meche por todo lo vivido

Coletilla:

Námaste Heptákis firmó su último acorde en la Big Band que se formaba hace poco más de 10 años, ante su partida sólo puedo expresar mi gratitud por el interinato que nos regaló. 

Hace cerca de 7 años nos dijo que se marchaba, que sólo venía con nosotros a cubrir un interinato, si no mal recuerdo dijo que sólo era interino de la vida. 

He de decir que en muchos sentidos los textos de Námaste Héptakis se quedaron con sus lectores, creo que éramos más de cuatro. 

Hasta donde veo extrañaremos esos acordes que saltaban entre reflexiones alfonsinas, las ideas llenas de gracia y las muchas coletillas, los poemas, los adendos y las escenas que del terruño nos pintaba, unas terribles pero eran parte de lo que formaba a nuestro terruño. 

Gracias a Námaste Héptakis porque en algún sentido nos deja el hábito de la amistad, el de la lectura y el de la escritura. 

Nos veremos por la vida, mientras algo quede de ella, y nuevamente gracias por los acordes, los desacordes y los comentarios que dejaste entre epígrafes y sentencias. 

Maigo

La real tiranía

Hasta donde tengo entendido sabio es aquel que actúa de manera contraria a como lo hace el ignorante, mientras que el primero ve, el segundo no ve, mientras que el primero escucha, el segundo ni siquiera oye y mientras que el primero calla para poder atender a lo que se le dice, el segundo habla y habla para hacer callar a quienes tienen algo que decirle.

Alguna vez se me dijo que un rey sabio se sienta en el trono, porque sentado se puede escuchar mejor a quien llega solicitando audiencia, el tirano en cambio suele estar de pie ante la asamblea y busca hacerse escuchar sin ceder la palabra a otro.

La real tiranía debe ser la que se ejerce de pie, hablando y cerrando los ojos ante cualquier espejo que pueda mostrar a la verdad, que no peca pero tampoco deja de ser dolorosa.

Cristo como sabio y rey bajó del cielo y escuchó por treinta años, habló por tres y perdonó a los culpables hasta 70 veces 7, los que pregonan la tiranía, como Tiberio en tiempos de Cristo,  hablan muchos años, no suelen callar un segundo y en lugar de perdonar culpan y responsabilizan a otros por cualquier cosa que pasa en donde dicen gobernar.

Maigo

Inocente preguntilla: ¿Qué tan objetiva es la información que proviene de quien no ve y no oye?

La verdad en movimiento

La verdad en movimiento

Puede verse a la Filosofía como una forma profunda de la retórica y por ello como un pensamiento que atiende a resolver problemas de conocimiento inmediato o prácticos. Sin embargo, la posibilidad de dar respuesta a los problemas de la vida cotidiana no tiene mucho que ver con la ciencia primera. Es verdad que en cualquier caso la situación histórica es lo que posibilita la pregunta por el conocimiento, pero si el filósofo responde a la situación analizando la situación misma o describiéndola, en sentido estricto estará haciendo tautologías. Lo primero para nosotros no es lo mismo que su causa primera. Con esta afirmación comienza la sospecha y el juicio a Sócrates. Salir de la obviedad sólo es posible con una mínima rebeldía por parte del Eros filosófico, es decir, sólo cuando se abandona lo evidente o mejor dicho se le enjuicia, es cuando podemos salir de la verdad cotidiana, estacionaria. Todos dicen que sí, ¿por qué? Otra forma de decir esto es que la Filosofía se sabe crítica porque reconoce sus limitaciones y el alma aspira a la verdad última.

La primera limitación es quizá la del tiempo. ¿Cómo va a existir una verdad última que trascienda si el hombre es histórico lo mismo que sus signos o construcciones? El hombre necesita alma inmortal -otra sospecha. Es verdad, si es que por ello entendemos la cuantificación de la vida humana, pero esta cuantificación atiende a la división primordial cartesiana, es decir, la división entre res extensa y res cogitante. A partir de aquí es posible hablar del tiempo como la suma de momentos, como si tratáramos de formar un vitral a partir de cada uno de estos instantes, hasta que con la muerte de cada uno se forme la figura final y el juicio último de cada hombre. Reacomodar los juicios de este vitral es posible con la aritmética y geometría mientras se vive. Pero visto así, el problema del alma, como lo supo Descartes, es que la separación entre “yo pensante” y mundo es ya insoslayable. No hay verdad primera, se va creando. El conocimiento es más seguro si también cuenta con “forma, situación y movimiento”. Desde aquí la relación hombre-mundo no puede ser más que recuperada por la cuantificación al infinito de sus partes. ¿En dónde encaja el hombre? En los átomos. Sólo que es un conjunto de átomos superior, ya que sabe de sí. Está sólo en el universo. El individualismo es también inevitable y cada hombre sólo alcanzaría a saber de sí y eso de una mínima parte, su situación biográfica, por ejemplo. La sospecha se hace grande sólo para el filósofo.

Si seguimos esto, la segunda navegación de Sócrates se hace necesaria. Interesarse por los otros en la medida de la comunidad política, así como sus raíces primordiales, la teología y teleología a fin de recuperar la unidad política, lo mismo que la naturaleza del hombre como un todo íntegro.  ¿La segunda navegación es un cuento (retórica) porque Platón le temía al infinito? No lo sé, pero atiende más al amor por la verdad última. En el otro lado están los amantes de verdades individuales y tiránicas. Y es que la posibilidad de salvar a la Filosofía de caer en la llamada proliferación de las retóricas o cuentos insostenibles, parte de que la primera preocupación del filósofo es saber quién es él (sin apartarse del mundo) y sin negar la idea de un fin a su existencia (nihilismo), así como de la recuperación y justificación en la relación hombre mundo, hombre polis, hombre-divinidades, hombre-hombre. Esto último porque al diferenciar hombre de mundo, Descartes logra imponer unas falsas cadenas en la mente y orgullo del hombre; hora se sabe sometido a la naturaleza, hora al sistema, hora a la historia, hora a sí mismo. Si Dostoievski trata de salvar a su Hombre del subsuelo, Nietzsche lo enferma hasta la locura.

Kant trata de salvar al hombre de estas cadenas. Pues sabe que el hombre será libre por su capacidad racional y su deseo del bien universal, sabe que el reconocimiento de un bien supremo es sólo posible si cada uno abandona su individualidad para someterse al bien del Estado. Libre albedrío. Voluntad racional y voluntad general están el inicio de la tiranía moderna. El amor al bien ha desaparecido, el hombre cuenta con la moral del deber. Se han reducido sus causas. Ya no es el hombre en relación consigo mismo. El mundo sigue siendo el otro que aterra e invade. Y su sombra es la luz más aterradora, es el nihilismo. Es el hombre sin amor ni verdad, sin ayuda de la voz divina, sin Eros. Es el hombre ideal de la razón; por eso Rousseau se diferencia en suma de los ilustrados, ya que él pone al hombre frente a sí mismo, para que éste pueda actuar en virtud de su naturaleza más plena y no de acuerdo a una mínima parte del cerebro o juicios a priori

Sócrates nos advirtió. El buen amante es atento y no pretende ser dueño de su amada, porque la tiranía en el amor aparecería como su más alto logro y no como su peor bajeza. Eros y conocimiento del bien en sí mismos son los pilares de los cuales parte la Filosofía, lo demás es historia de la dominación innoble. El buen amante nunca triunfa de su amada, peregrina por ella para ser su digno compañero. Obvio la verdad no es estática, es activa, fuerte, compañera encantadora.

Platón atiende a la parte erótica del hombre, porque sabe que sólo esto unifica acción y pensamiento. Aunque para el cobarde la Filosofía es siempre sospechosa: ¿me amará? ¿no será un engaño? Mejor no amar a esas alturas, podría ser pésimo negocio. ¿Dices que hay algo que se llama amante, pero no amor, Meleto?, ¿y que hay hechos de hombres, pero no hombres? Quien pretenda permanecer en el asiento de la «verdad», habrá perdido para toda su vida la dulzura de un paseo en el mundo más claro.

Javel 

La defensa del totalitarismo

La defensa de un régimen totalitario siempre está formada, en su mayoría, por quienes no lo reconocen como tal. Harían bien en aprenderlo; pero ¿cómo podrían? «No puede ser –dirán–, un régimen no es una fuerza de la naturaleza. No es una ocurrencia arbitraria. No es una imposición de los dioses. Un régimen se forma con decisiones, con gente que hace las cosas con cierta voluntad y cierto propósito. No puede ser que no lo reconozca uno que lo proclama, menos uno que lo defiende». Por supuesto. Y sin embargo, el totalitario es un régimen que depende del desconocimiento. Siempre hay un círculo interno que orbita al poder, donde están quienes no cabe esperar que pudieran desentenderse. O eso supondría uno. Pero la realidad es que éstos no hacen mayor diferencia por sí mismos, porque una ciudadela no puede sostenerse por mucho tiempo sola. No puede guarecerlos a todos ni repeler una fuerza constante. Contra un verdadero embiste necesita una muralla exterior. Los que se engañan son ladrillo y mortero del totalitarismo, parapeto y almena, baluartes y torres de vigilancia. Estas últimas, importantísimas: el régimen totalitario depende de sus vigías. Vigías desentendidos de lo que vigilan, protectores ignorantes de lo que protegen, no se dan cuenta de dónde viene la verdadera amenaza. Desde las saeteras atacan a la razón. El régimen totalitario borra las memorias y envenena el reconocimiento: vive del olvido de sus guardas, que lo seguirán siendo mientras no se reconozcan a sí mismos. Es por eso que conviene al régimen totalitario hacer caricaturas de la censura y del diálogo, para que los inquisidores desconozcan lo que hacen y siga fresca su defensa: «¿yo?, yo no censuro nada. Que me alegre que esas voces disidentes se hayan callado (y todos sabemos que se lo merecían), es otra cosa».

La caricatura de la censura la exhibe vistiendo de traje tan agresivo, tan belicoso, que ninguna intromisión sin pólvora pueda tomarse por censura en ocasión alguna. La historia que cuenta cómo otros ejercieron la censura, en otros tiempos más salvajes, ahora se llena de monstruos, de acciones tan extremas que no quepan en nuestro mundo. El nuestro ha sido vacunado contra el virus de la salvajía y ya nos sabemos inmunes. Una baja sorpresiva en una estación de radio, una tropelía contra la publicación de la opinión, un comentario a foro abierto que cancele una investigación con evidencias sólidas, una amenaza de muerte a domicilio… ninguna de estas cosas llega marchando con botas militares, en operativo con redadas y helicópteros, armada con ametralladora. «Esto no es censura», concluye el vigía. «La sed de sangre del totalitarismo es insaciable. La mía, en cambio, se sacia cada tanto con uno que otro golpe de justicia debidamente asestado».

La caricatura del diálogo simula que la multiplicidad de la voz es fuego. Finge que no sufrimos hambre por su carencia, sino que al contrario es por su presencia que se nos acabaron ya los bosques, se erosionaron las llanuras y los campos se volvieron infértiles. Por culpa de tantas palabras, reza la caricatura, es que ahora nos odiamos. Es su culpa que vivamos como bárbaros. No nos odiábamos antes, todos éramos jubilosos y nuestro prójimo era sagrado para nosotros; desde que permitimos este diálogo, en cambio, se ha consumido nuestra hacienda: ya no queda nada más que brasas y cenizas. Hace falta más silencio, menos ideas desencaminadas, menos broza. Cuando logra su cometido la campaña, el nombre ya le queda mal: no merece llamarse diálogo, más bien hay que llamar vituperio, calumnia y difamación a este incendio. «Esto es demasiado», concluye el vigía. «Este tipo de trato nos hizo mucho daño. Sólo el totalitarismo le entrega a las palabras la verdad. Yo, en cambio, prefiero quedarme con la mía y que nadie me la quite».

Orgullosos se entregan al tirano mientras éste pregone democracia. Y defienden entonces al régimen totalitario sus más fieros enemigos. O los que dicen serlo, por lo menos, bajo patrio juramento. Pues son los que se engañan quienes miran hacia afuera y confunden con la marcha de un ejército adversario el espejismo del desierto, o tal vez más que espejismo valdría decir, espejo.

Ciegas ocurrencias.

Un tirano se distingue de un buen gobernante por ejercer el poder a ciegas. Hace miles de años hubo un rey en una región lejana de la India. Movido por la envidia y el resentimiento que tenía, propició una guerra que acabó con el orden que en sus tierras había. Aunque sus sirvientes y amigos de la verdad le informaban, este rey de nombre Ditirashtra se cegaba más allá de la imposibilidad que a sus ojos distinguía, cuando le hablaban de defectos o carencias éste rey se giraba y otros datos ostentaba en su cabeza.

Maigo