Analista socio-político

¿Te interesa hablar de política frente a muchos ¿Eres el centro de atención por defender tus opiniones? ¿No temes a la controversia? ¿Eres crítico y combativo con tus ideas? Pon atención, ¡ésta es tu oportunidad ideal! CONSULTORÍA INTELECTUAL «ANTONIO RAMÍREZ» te invita a ser parte de su equipo de trabajo como:

Analista socio-político 

Requisitos:

-Licenciatura relacionada con Ciencia Política o Administración Pública (preferente contar con posgrado, aunque no necesario)

-Preferentemente que tenga conocimientos en Economía

-Experiencia profesional como docente, comunicador, activista social, en medios escritos o asociaciones civiles

-Disponibilidad para rolar en medios informativos (televisoras, periódicos, canales de YouTube, etc.)

-Disponibilidad completa en horarios e incluso para viajar

-Conocimiento de redes sociales (principalmente Twitter) y manejo de gestores de publicaciones (Hootsuite, Google AdWords, etc.)

Habilidades:

-Facilidad de palabra

-Sentido del humor, carisma y extroversión

-Profesionalismo

-Habilidad para discutir

-Versatilidad en argumentar

-Excelente ortografía

-Amor a la patria (sí, ¡es muy importante!)

Beneficios:

-Proyección nacional y posicionamiento público

-Acceso exclusivo a conferencias de personalidades de alta difusión y reconocimiento social (Denise Dresser, Federico Arreola, Horacio Villalobos, Ilse Salas, Francisco Alanís)

-Diplomados y cursos periódicos impartidos por catedráticos de las mejores universidades a nivel nacional

-Asesoría gratuita de imagen y expresión vocal

-Descuentos en restaurantes, bares y cafeterías en zonas como Coyoacán, Roma, Chapultepec, etc.

 

Somos una consultoría interesada en participar en los asuntos de interés social. Nuestros clientes solicitan a nuestros analistas por su eficiencia como articulistas, opinadores y comentaristas. Desde su capacitación, exhortamos a nuestros miembros a ser profesionales con capacidad de adaptación. Buscamos ser vigente en la conversación diaria sobre los cambios veloces ocurridos en política, sociedad y economía. Por ello nuestros analistas gozan de preferencia en medios de comunicación, institutos educativos y asociaciones políticas. Manda tu CV a reclutamiento@antonioramz.com.mx, con el asunto «Postulación», además de un escrito donde brindes tu opinión sólida sobre cualquier tema relacionado con la política y sociedad.

¡Trabajar con nosotros es la más grande oportunidad en tu carrera!

 

 

Entre las musas y la memoria

Las musas llegaron, puntuales como siempre.

La memoria estaba atenta a las palabras que ellas dictaban, tal vez de nuevo recordaríamos a un tirano, tal vez de nuevo veríamos a las fuentes de la palabra.

Todo parecía perfecto para que a tiempo se publicara, pero la vejez y las distracciones, llamadas ocupaciones no ayudaron para nada.

Maigo

De la administración de los bienes propios

La publicidad funciona perfectamente en las personas que no saben qué necesitan para administrar su hogar. Podría ser que necesiten accesorios para limpiar, entre los muchos que hay, o cierta clase de alimentos, entre las infinitas variedades de lo que se vende y se puede preparar. No importa si no cuentan con demasiados recursos, estos siempre deben ser administrados, saber qué se necesita comprar. Constantemente la gente que cuida su dinero, los que no son tacaños, se preguntan si lo han gastado bien, si no deben de comprar tantas prendas o tantos aditamentos para su hogar sin los cuales podrían estar bien. Quizá esa sea la pregunta que debieron hacerse antes de comprar: ¿para qué gastar dinero?

Las actividades que realizamos, lo propio de cada uno, ayudan a vislumbrar cuáles son los productos que necesitamos comprar. Una computadora con el mejor procesador y la mejor tarjeta de video para quien sólo va a escribir en ella e interactuar en sus redes sociales es un gasto exagerado. Inclusive resulta un gasto perjudicial si se tiene en cuenta el motivo por el cual se compró. Algo semejante pasa cuando se compran celulares de gama alta. En nada nos benefician ese tipo de gastos; son un error en nuestra propia administración. Montaigne dice, en el siglo XVI, que a su padre le parecería muy útil que hubiera un catálogo donde se ofrecieran productos y trabajadores para quienes los necesitaran. Todos necesitamos trabajar y comprar. Lo complicado es saber qué trabajo nos hará bien, así como qué productos nos podrían hacer bien; parece fácil saber qué trabajo y qué cosas nos perjudican. Aunque, ¿es bueno para nosotros realizar actividades de las cuales no tenemos claridad si su finalidad será justa o injusta? Un periodista al que le mandan cubrir la conferencia de prensa de un grupo de empresarios que decidieron parar una obra billonaria, ¿está actuando como propagandista de dicho grupo o como su agresor si no sabe si dicha obra estaba teniendo un buen o mal impacto? Tomar una postura, sólo tomar partido por un extremo, no puede ayudarle a entender la justicia o injusticia de su acción.

El mayor problema de la administración es el de las propias aptitudes. El no saber qué es lo mejor que uno puede hacer en beneficio de los demás es como estar malgastando el dinero. La mayor dificultad de ser empleador es ignorar los talentos de los empleados. Es fácil malgastar el dinero, aunque es más fácil malgastar el talento.

Yaddir

Hippies contra oficinistas

¿Qué tan estresante es la vida moderna para que vivir como un hippie sea una de las mejores opciones de vida? Hay quien diría que las vacaciones son una modalidad del mencionado estilo de vida, pues las preocupaciones se alejan durante un puñado de días para contrarrestar el estrés. Aunque el estrés es causado por el trabajo con el cual se pudieron pagar los días de arena, sol, diversión y tranquilidad. No hay vacaciones sin trabajo; no se vacaciona si no se está estresado. La cíclica pesadilla de todo trabajador. La fórmula de la vida no moderna podría simplificarse como alejada de las preocupaciones, pues éstas son dolorosas; el mejor modo de vida, visto así, sería el de los constantes placeres y los pocos dolores. La disyuntiva sería saber cómo se consiguen más placeres con la menor cantidad de dolores posibles, si con la vida al natural o con la vida laboral. Pero esto sería como abandonar nuestro aspecto humano, pues nunca podemos dejar de preocuparnos por las consecuencias de las acciones que tomamos en la vida de las personas que queremos.

Un hippie consecuente sabe que sus acciones afectarán a las personas que lo quieren; sabe que su estilo de vida le afectará en todos los sentidos; sabe que si quiere alejarse del egoísmo moderno, no puede tomar una decisión egoísta. Quizá por ello pondera tanto el amor y la paz; quizá por ello busca que todos tengan un modo de vida semejante al suyo. Su modo de vida se vuelve estilo de vida si el mundo moderno es como él lo pinta y ahí no hay manera de vivir bien. ¿Aunque si lo que principalmente pondera es el amor, la ausencia total de egoísmo y el despoder humano, esto no podría darse sin necesidad de vivir alejado de las grandes urbes y de sus costumbres?, ¿tendrán razón los hippies y no es posible amar en el mundo moderno tal como se nos presenta?

Desafortunadamente la sencillez de la vida al natural no compagina con la complejidad del alma humana. De no ser porque el hombre que pretende vivir al natural sabe que debe dejar de lado la humana sociabilidad, podríamos decir que quiere alejarse de los problemas humanos, que le tuvo miedo a ser animal político. Siempre hay espacio para soñar que no hay nadie alrededor.

Yaddir

Trabajo digno

Reza un dicho popular: “el trabajo dignifica”. Pocos se atreverían a disentir contra lo que tantas veces han escuchado, más si lo han dicho personas a las que ellos respetan. La manera más rápida de entender esto sería pensando que es preferible trabajar a robar, pues sólo así se saborean mejor las cosas que se compran; sólo así se aprende a gastar, pues si cuesta obtener el dinero, no se decide despilfarrarlo. Quien roba no disfruta lo robado, por eso necesita robar más, para distraerse constantemente de su atropello. De cierta manera, sería lo mismo que decir que uno sólo se siente bien gastando lo que se gana con justicia. Pero cuando en el trabajo el esfuerzo no se recompensa con lo obtenido, ¿se está dignificando, denigrando o sobrevalorando al trabajador? El propio trabajador, ¿cómo valora lo que hace?, ¿por hora, por el esfuerzo empleado, por lo que estudió? Y ¿qué tan injusto es que se recompense de la misma manera a quienes tienen más capacidades que a quienes tienen menos? El gran problema del trabajo es que la retribución sea justa.

Por otro lado, qué sea considerado un trabajo nos complica el problema, pues pese a que muchos escriban, pocos pueden vivir de la escritura, algo parecido pasa con música, la pintura, la escultura o cualquier otro arte cuya valoración sea difícil, si no es que imposible, de realizar en términos monetarios. Pero pensar cualquier actividad en sentido monetario es reductivo, pues quizá un escritor con poca percepción de ingresos pero que escribe aquello que desea decir, sienta su trabajo más digno que el autor de libros con millones de copias vendidas; uno realiza su trabajo porque algún bien siente que hace, el otro es comparable a un empresario petrolero, textil, minero o de cualquier otro tipo. Hay trabajos que dignifican, en otros simplemente se gana dinero.

Muchos trabajos tienen la ventaja de que son productivos, es decir, se ve concretamente la influencia que el trabajador dejó en algún material o ser vivo. Incluso el trabajo de los políticos se puede ver en el modo en el que vive la gente a la que influyeron mediante su gestión, partiendo del supuesto de que dicho trabajo sea realizado con justicia. ¿Pero qué pasa con el trabajador, de oficina por ejemplo, cuya labor no sabe cómo influye dentro de la empresa o secretaría en la que se encuentra?, ¿qué sentirá el trabajador que no ve reflejado por ningún lado las constantes gráficas que hace, las constantes juntas a las que asiste, el constante tecleo al que se dedica con frenesí?, ¿su carácter se verá modificado por lo que hace?, es decir, ¿se sentirá más digno entre más tiempo pase realizando lo que él considera su labor?, ¿vive bien quien no sabe la finalidad de lo que hace? Quizá su última, y quizá única, ambición sea la jubilación. Pero hasta esa, dependiendo el país en el que se trabaje, podría estar en peligro, podría no ser justa.

Yaddir

Inversionistas

El cansancio que se obtiene pensando en un futuro descanso, es cansancio egoísta y en sí mismo encerrado. Quien ahora se fatiga pensando en el futuro lejano, puede ser que en nigún día vea llegar el descanso. Y es que tantos son los que así viven que confunden al cansado y con promesas de una mejor vida lo dejan descorazonado.

Para que el cansancio sirva hay que servir al hermano, y esto se hace sin pensar en más futuros que no pueden ser controlados porque quien invierte en cansancio en realidad vive desesperado.

Maigo.

El sentido de esperar

Hace cinco años terminaron las diarias contracciones, la preocupación del momento se ha fortalecido, el cansancio ha crecido bastante y la esperanza se ha arraigado en mi ánimo y se ha estado alimentado cada día.

Lo más demandante que he hecho en mi vida, ha dado sentido a lo que antes mi atención requería. La pregunta por lo bueno me interroga día a día, con cada pasito, con cada palabra y con cada decisión que se va tomando en nombre de aquella por quien desvelo mis ojos para cuidar su sueño.

Hace cinco años se acabaron las diarias contracciones y apenas comienzo con los diarios desvelos.

Valió la pena esperar y sigue la esperanza alimentando la paciente espera por lo que florecerá luego.

 

Maigo