Bullyng

Cuando el mal hundía sus raíces en el corazón del hombre éste encontraba su salvación en el reconocimiento del mismo, en el arrepentimiento y en la contrición. Sin embargo, el mal ya no se arraiga en el corazón, ha cambiado su habitáculo para residir en la memoria, y encuentra todo tipo de justificación en los recuerdos de aquello que contradice a los deseos. Por ello se le contrarresta acabando con los restos de desagrado que deja tras de sí una amarga experiencia y minimizando en lo posible la distinción entre las pasiones que distinguen al humano de la bestia.

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