INEGI de chavitos

A una población de 164 aspirantes a la universidad se le efectuó una breve encuesta. A continuación se presenta los siguientes hallazgos interesantes:

Se les preguntó qué carrera deseaban estudiar. El registro de sus respuestas incluyó si decían una o más licenciaturas. Con ello se mide en cuáles se hallan más atraídos o interesados. El primer lugar es Medicina. Sin embargo, la población consultada estuvo inscrita en un curso para regularizarse y prepararse para los exámenes de ingreso a nivel Superior. Cabe suponer que los aspirantes a la licenciatura más saturada, sientan que el curso como un buen recurso para su ingreso. Dentro de los primeros cinco, además de la carrera susodicha, se encuentra Derecho, Administración (en cualquiera de sus variantes), Arquitectura, Psicología y Enfermería.

También se le preguntó sobre su elección de una universidad pública sobre una privada.  La respuesta podía entrar en dos categorías, ya que se buscaba qué razones podían hacer atractiva una de la otra. En su mayoría, los aspirantes respondieron que la economía era la ventaja principal (73). Alrededor de 49 jóvenes se inclinaron por el prestigio de las instituciones. Se consideró a éste como el reconocimiento que tiene la universidad, en el país o extranjero, y el supuesto nivel alto en la impartición de conocimientos. Llama la atención que numerosos jóvenes miran la universidad pública como una oportunidad accesible para una educación de alta calidad. Es decir, una combinación entre beneficio económico y prestigio. También algunas respuestas apuntaron a la independencia didáctica que ofrece. La universidad pública pondría las condiciones para la formación libre e individual. Asimismo, en otras respuestas, tener un puesto y conseguir una calificación en una escuela privada, se debe más al pago ejercido. Un atajo económico para llegar al título o para los holgazanes.

Respecto a su habitualidad para leer, 65 preuniversitarios afirmaron leer con cierta frecuencia y sin ser obligados. Muy pocos especificaron qué tipo de obras. Los que sí, van desde los libros hasta textos en líneas. Por el contrario, 76 admitieron no leer. El resto no fue claro en este aspecto. Los autores predilectos entre lectores son Stephen King, Gabriel García Márquez, Paulo Coelho,  Edgar Allan Poe y Oscar Wilde. Sobre sus clases de Literatura en la preparatoria, 69 las consideraron aburridas. Sorpresivamente algunas opiniones sí reconocían la técnica agradable para llevar la materia o incluso lo interesante que podían resultar los temas y conocimientos literarios. Nueve no tomaron la materia en ninguno de sus semestres.

Con gran contundencia, la poesía no es atractiva para estos aspirantes. 129 rechazaron tener algún hábito y gusto por ella. Pese a esta cifra, algunas otras respuestas dejaban ver ligera curiosidad o vergüenza al desconocer el arte lírico. Entre los poetas preferidos están Mario Benedetti y Pablo Neruda. Los pocos lectores de poesía no se concentran en aprenderse los nombres y gustan de sorprenderse por el autor; quizás efecto del flujo anónimo y vertiginoso del Internet.

Al preguntarles por la noticia más importante de la semana, 61 personas apuntaron a un acontecimiento público. En general, los desastres naturales o grandes actos de violencia acapararon su interés (dos grupos de clase ingresaron al ocurrir los terremotos del 19-S). Llama la atención que varios aspirantes (34) tomaron la pregunta en un ámbito privado, es decir, un suceso que haya sido importante entre sus días cotidianos. Para ellos la noticia no tiene implicaciones políticas o sociales.

Por último, se les preguntó si sentían admiración por alguien. La figura que tuvo mayor puntaje es un rol en el terreno privado (papá, mamá, abuelo, hermano, etc.) con 28. Luego le sigue alguien propio del espectáculo (actriz, cantante, entre otros). Yendo al otro extremo, la figura social apenas alcanza las tres opiniones y destaca que sólo hay un admirador de una figura política (Nelson Mandela). 37 jóvenes respondieron no admirar a nadie o no tener un modelo a seguir.

Así, un muestreo cualquiera de esta generación juvenil.

 

 

 

 

Lo bueno de los universitarios

Para entender el estado moral en el que se encontraban los universitarios, un profesor tuvo a bien hacerles una serie de cuestionamientos a sus alumnos. El más importante fue: da un ejemplo de un héroe. Sin percatarse de la importancia del asunto, los estudiantes anotaban los primeros nombres que se les venían a la cabeza, destacando las figuras de superhéroes de tiras cómicas. El profesor no contó sus impresiones a detalle, sólo se limitó a sugerir lo lejos que estaban los alumnos de un alto nivel académico de entender la virtud y la importancia de entender el asunto. ¿La culpa será de los estudiantes que poco se preocupan en ser buenas personas?, ¿la educación tiene en poco estimular lo bueno en las personas y se limitan a hacerlos productivos?, ¿qué pasa con el sistema educativo de cualquier país si lo bueno lo iguala a lo útil? El cuestionamiento del profesor también intentaba medir la calidad educativa.

Así como los superhéroes son seres con poderes y bondad desmedida, ajenos por completo a la realidad, podemos suponer que no hay personas superiores que destaquen por sus cualidades morales. Es decir, ya no existen personas a las que les preocupe ser buenas para su comunidad y la respuesta de los estudiantes lo evidencia. No parece claro que, ni las personas que viven en los más altos niveles académicos, se sepa qué distingue a una buena persona de una mala persona. Por un lado creemos que todos somos iguales; destacar a alguien sería sobajar a los demás. Por otro, las personas destacadas no lo son por el beneficio que le hacen a su comunidad, sino por el beneficio que se hacen a ellas mismas, aunque dicho beneficio sea perjudicial para la misma comunidad. Un poderoso de altos niveles académicos es una persona distinguida, aunque sea un corrupto y pueda tener tratos con el crimen organizado. La doble dificultad que enfrentamos nos hace estar casi ciegos para actuar bien.

Una tercera dificultad para entender en qué consiste actuar bien, y cuál es el ejemplo que tenemos de ello, se nos presenta: el cuestionamiento de nosotros mismos. La pregunta por el buen actuar no se puede realizar adecuadamente si no cuestionamos la probidad de nuestras acciones. Dar por sentado que lo que hago en cada ocasión es bueno deja en las sombras lo bueno de dichas acciones, pues no tenemos posibilidades de saberlo. Por ello es importante el cuestionamiento particular, de cada acción. Evidentemente, al cuestionar cada acción se asemejan las acciones una a otra, pero lo difícil es saber qué tienen en común las acciones entre sí, además de que una persona es quien las realiza. Quizá pensando en la finalidad de las acciones se pueda encontrar algo que las unifique. Tal vez esa sea la única posibilidad de comenzar a entender qué es la virtud.

Yaddir

Perdido entre generalidades

La muerte de Juan Gabriel capturó la atención y preocupación de muchísimos mexicanos. Un escritor con visos de sociólogo decía que el cantante juarense era algo que entraba en el alma de las personalidades más disímiles, diputados y travestis, y de los lugares más contrastantes, tugurios y loncherías. La observación llevaba a las plumas de los periódicos (donde se gestan muchas opiniones comunes) a señalar una ocurrencia bastante cuestionable: gracias a las canciones del divo de Juárez, quien era homosexual, disminuía la homofobia. A Juanga se le quiso por ser un compositor y un cantante pegadizo, no por ser homosexual. Todas estas consideraciones me llevaron a cuestionarme si existe algo que sea común y particular en todos los mexicanos. Inmediatamente pensé que el gusto por las canciones del recién fallecido artista podía ser lo que develara lo mexicano. Aunque inmediatamente topé con que un gusto no define nada característico. Además, las canciones de amor con letras y tonos adoloridos podemos encontrarlas sumamente difundidas desde el renacimiento italiano. Quizá el odio por Donald Trump podría ser una característica mexicana. Sin embargo, el comediante norteamericano no es tomado enserio por buena cantidad de mexicanos, a veces ni por él mismo. Alguna pasión común, característica del alma mexicana tampoco parece haber, pues el amor, el odio, la alegría y la tristeza son comunes a todos los hombres. Quizá lo común es que no haya nada común. México, como todos los países, se caracteriza por la multiplicidad de caracteres.

Pero la idea anterior, la indagación por lo mexicano, no me abandonaba, no me ha abandonado. Pero tal vez debí haber escogido para mi análisis no una región, sino una actividad que identifique a determinadas personas. Creo que algo que me hace común contigo que me lees, lector, es la lectura. Además del gusto por los libros, ¿hay algo más que nos caracterice a todos los lectores? Al pensar en los lectores que conozco, creo que hay más cosas que nos distinguen que cosas que nos hagan comunes, como que a unos les gustan más los libros que muestran escenas y otros piensan que son mejores aquellos textos que les mueven a inteligir conceptos; hay quienes, además de inteligir lo que imaginan, lo reflexionan. Por otro lado existe el lector con carácter melancólico que sólo se entristece con lo que lee, así como el lector alegre que sólo busca reírse con las palabras. Se pueden hacer distinciones de lectores por edades o lectores por etapas escolares. Por edades están los que prefieren las imágenes en las páginas (los famosos dibujitos), los que se atreven a leer más que a ver imágenes, y los que sólo leen palabras. De los segundos están los lectores básicos, preuniversitarios y universitarios, de estos tres, mínimo hay dos claras divisiones: los que leen por obligación y los que leen por gusto. Todavía puede dividirse al universitario en tres: licenciado, ingeniero y doctor (en el sentido de médico); de estos tres hay más de treinta carreras en las que pueden distinguirse aún más los lectores. No es fácil encontrar algo general entre tantas singularidades. ¿De qué sirve hacer tantas divisiones? Sirve para tener un panorama general de características a las cuales se pueden dirigir los escritores; para saber a quiénes les escribirán.

¿A qué clase de lector se dirige un escritor? Quizá la pregunta esté mal hecha, pues eso significa que el escritor puede tener más idea de su lector que la que éste puede tener de aquél. Mejor sería preguntar: ¿qué busca un escritor de su lector? Dicho de otro modo: ¿le puede mostrar algún aspecto importante de las pasiones, el pensamiento, o de la organización política?, ¿puede y pretende un escritor educar a su lector? Con esta última pregunta no pienso que el autor manipule o quiera manipular a sus lectores, pues eso sería indoctrinación; aunque tampoco significa que el lector busque en un autor lo que él quiere encontrar, pues eso sería un afianzamiento de prejuicios. Creo que, en un principio, todo autor busca ser bien leído, bien entendido.

Me parece haber encontrado por fin algo que nos distingue a todos los lectores: todos reconocemos nuestra tremenda y casi infinita ignorancia. Por eso vamos leyendo cada vez más, y lo hacemos sin desesperación. Quizá leyendo mucho más podamos darnos cuenta si hay algo característico de los mexicanos o de los humanos en general.

Yaddir

El orgullo de ser estudiante

En filas muy ordenadas los estudiantes universitarios se forman para el mañana. Muchas pruebas hay de ello, pues las fotos y los videos muestran el orden y la dedicación universitarias. Si los estudiantes no están sentados, se encuentran en prácticas experimentales, están atentos, buscando sustraerle todo el conocimiento posible al fenómeno que se analiza. También de esto hay fotos y videos; se muestra lo mucho que se aprende y se quiere aprender. No es de sorprender el orgullo de quienes observan en esas fotos a personas como ellos, aprendiendo mucho, a manos llenas, construyendo, desde las bases, un gran futuro.

Pero hay estudiantes universitarios escasamente ansiosos por aprender y mucho menos les gusta el orden; aprenden lo suficiente y el tiempo restante lo dedican a lo que les gusta; muchos ni lo suficiente aprenden. Lo importante, según ellos, no es “ser mataditos”, sino “tener vida”; mejor dicho: “hay tiempo para todo”. Pero sin eufemismos lo que dicen, o al menos hacen, es gozar rápido y sin esfuerzo, aminorando las consecuencias (al menos con palabras) que nunca se separan del placer. No es mediocridad, como algunos gustan llamarle, según dichos estudiantes se llama “vivir la vida”. Si prefieren vivir la vida, ¿por qué siguen estudiando? La respuesta es fácil (seguro más de uno ya se la sabe): para seguir gozando. Me explico: según los estudiantes multifacéticos, una carrera universitaria les garantizará un excelente empleo (con un Seguro Médico de gastos mayores, vales de despensa, Aguinaldo, Carro y hasta Pareja Escultórica) con el cual ganarán mucho dinero para, como ya se dijo, gastarlo en su propia satisfacción. Los medio estudiantes, medio gente de mundo, creen que el trabajo es como la escuela: siempre hay lugar, se pasa fácilmente, se tiene mucho tiempo libre, así como hay buenos amigos y se posee dinero suficiente. ¿Estarán orgullosos de ser estudiantes? Por supuesto, así como les da orgullo el cómo viven, pues creen merecerlo. Con su orgullo se distinguen de los vagos, los borrachos y los desempleados, de esa gente dañina para la sociedad.

El orgullo universitario no es como una niebla que inunda los egregios recintos educativos; resulta como un sol del cual es difícil evadirse, pero tiene sus partes sombreadas. Hay estudiantes en las sombras, por descuido o gusto; así como hay estudiantes a los que los luminosos rayos del astro no les agradan, los ciegan y los enferman.

Ver al orgullo universitario separado del estado es un error, pues el gran pilar de dicho orgullo, me parece, se encuentra en la enorme utilidad de la universidad para la nación. ¿Deben sentirse más orgullosos quienes son más útiles? ¿Los estudiantes se sienten orgullosos de su nación y por eso le sirven o se sirven de su nación y eso les da orgullo?, ¿es preferible no sentir orgullo a dañar a la nación? ¿El orgullo no será como una respuesta rápida que los estudiantes dan cuando se les cuestiona sobre su labor a la ciudadanía, para que no se sientan comprometidos a ver los grandes problemas del país?

Yaddir