La decisión de vacunarse

‌Ante los avances científicos hay dos clases de personas: quienes los celebran y quienes los condenan. Los primeros confían en que la razón puede resolver cualquier clase de conflicto que se le presente a la raza humana. Los segundos desconfían de aquello que no sea fácilmente comprobable; ante los problemas hay que confiar en la solución que parece más a la mano, la más confiable. Ambos extremos pueden coexistir en una misma persona ante situaciones diferentes: el que critica las vacunas desde su celular; el que no se va a vacunar pero usa medicamentos. Ambos extremos, en la medida en la que son extremos, viven en el error. No se puede convencer a una persona que no se quiere vacunar mediante regaños sumamente razonables. Vacunarse y usar medicamentos siempre implica tomar una decisión vital. Los datos no representan la voluntad general. El problema se exacerba si se piensa en un virus de fácil transmisión como el Covid-19, pero la vacuna representa un posible riesgo. La decisión, a diferencia del uso de un medicamento común, implica una decisión política. Como toda decisión política implica una idea del bien, del bien que se le hace o deja de hacer a otras personas. Hacer el bien o dejar de hacerlo siempre es una opción. ¿Nos vacunaremos contra el Covid-19 por alguna especie de cálculo, por un deber cívico, por reconocimiento o por amor a nuestros semejantes?

Yaddir