Herencia

Cuando niña, siempre supo dónde debía guardar sus recuerdos, estaban en el lado izquierdo de una caja de hueso, sabía que olían a pan, a miel y a flores.

Cuando joven, olvidó, cambió la caja por un baúl de madera, era muy grande y pesado, pero espacioso, ya no se fijaba en los olores, en los colores y en las cosas de las que se iba llenando.

Cuando anciana, el baúl ya estaba tan lleno que las cosas se escaparon y entilicharon toda la casa, pero esas cosas ya no le decían nada, ya no había olor a pan o miel o flores, había otras cosas, como sinsabores.

El baúl se llenó, y el corazón se vació de vida. Ella ya no sonrió y sus recuerdos pasaron a manos de otra niña, que fue capaz de contenerlos en el lado izquierdo de una pequeña cajita de hueso.

Maigo

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