Observancias de los días

 

Observancias de los días

 

Apostar por el olvido aleja del perdón, desprecia el amor.

Beber café turco: beber un destino.

Crueldad consigo mismo: seguridad de un amor mediocre.

Darle tiempo se volvió pretexto.

El oportunista quiere ganar en la vida; el oportuno la tiene ganada.

Fingir normalidad: profesionalismo.

Garantía de infelicidad: cerrar los ojos.

Honra la amistad el que quiere lo mejor del amigo.

Ironía sin profundidad sólo es amargura.

Jugó a lo peor de sí mismo… se perdió.

Kantiano que se respete se olvida de sí mismo.

Los cartesianos no conocen el suicidio… tampoco el arrepentimiento.

Muere para pasar el rato quien vive para pasar de largo.

Nostalgia de ti: calosfríos.

Originalidad posmoderna: impresentabilidad.

Prefiere asumirse vil quien descree de los milagros.

Que siempre pudo ser diferente: fe del desengañado.

Resignación sin claridad es derrotismo.

Simplificó su vida simplonamente.

Tragedia elegida sólo es incapacidad exagerada.

Una amistad perdida es una vida acabada.

Vivir es cosa de toda la vida.

Wagnerianos del mundo: escuchaos.

Xerófilo de la civilidad: el hombre inmediato.

Yámbico o trocaico, a todo torpe se le atora el pie.

Zocato el hombre que se traicionó a sí mismo.

 

Námaste Heptákis

 

Escenas del terruño. 1. Pues sí, en la plaza denuncia a los poderosos, es el líder de la renovación histórica de la moral, es el mejor arengando resentimientos… Soledad Loaeza presenta un buen retrato de Robespierre. 2. Qué emocionante. El pasado domingo nació el nuevo nuevo PRI. Hoy nació el nuevo PRD. En Morena pelean los priistas y los perredistas de siempre. Y el Señor Presidente nos ha informado que ahora todos estamos muy felices. Qué era para vivir. 3. El miércoles, Jorge G. Castañeda dejó su espacio en El Financiero. El viernes, Carlos Loret de Mola dejó su espacio en Televisa. Ambos han sido muy críticos del Señor Presidente, del hombre que no tiene su fuerte en la venganza…

Coletilla. «El literato le comentó a su mujer: “Fui al encuentro de escritores surrealistas”. Quiso saber ella: “¿Cuántos asistieron?”. Contestó el literato: “Octubre”». Armando Fuentes Aguirre “Catón”.

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Astilla

Dicen que en el infierno los oídos que castigan la pereza, de tan laberínticos que son sus pabellones no hay palabra alguna que en ellos no se disuelva — y tanto murmullo tampoco hace un perpetuo silencio.

Honor y Justicia

Honor y Justicia

Me parece necesario engarzar honor y justicia, pues ya casi no se ven juntos. Sin embargo, la cuestión parece satín apolillado, algo de snobs, el elogio por los valores pasados. Lo que nosotros entendemos por honor es apenas la pantomima de lo que una vez fue la medida de lo heroico. Para los mexicanos modernos el honor no funciona porque todo es relativo. No hay excelencias. Además, aquello que produce el “honor”, que es el respeto y la gratitud, son vistas por nosotros como adulación de unas nimiedades que no deberían ser ni mencionadas, pero que pueden dar a quien las sabe nombrar con laureles, una buena recompensa. Honor a quien honor merece es una frase en desuso. “Honor a quien mejor me las bese”, podríamos decir ahora. Tome su recompensa, buen hombre, y ahí comienza la corrupción. ¿Por el honor?… quizá todos desconfiamos de todos, por no haber una idea de bien.

Honor es el justo reconocimiento de las acciones justas o nobles o buenas. Asunto difícil para nosotros, porque hemos perdido el norte. La excelencia en el actuar ya no es posible, lo sobresaliente es políticamente incorrecto. Dejamos de buscar. El honor no se entendía sin la justicia; hoy honor es algo así como la admiración por lo evidentemente atrevido, innovador, etc. En este sentido, el honor es una moda que se cuelgan algunos sin haber hecho nada de beneficio para los demás. La posición de un político es la ideal para actuar con nobleza, pero no se puede pensar en el bien común cuando se piensa en el bien personal, cuando se ve en los otros a un enemigo que lejos de reconocer el buen trabajo gritan ¡No! Ciegos de felicidad los llama el gobierno. Además de sospechosos. Pero recordemos que México es una Democracia, y las democracias se construyen más por las oposiciones que por las adulaciones. Claro, si es que pensamos que aquello que mejor conserva un Estado es la justicia y no la economía. Cuando la economía, la tecnología, así como el deseado reconocimiento del primer mundo es el ideal de un presidente encargado de una nación plural con identidad que se va perdiendo, entonces las individualidades son peligrosas al Estado, la búsqueda por el mejor camino al diálogo también. El honor es imposible. La peor tragedia sería no levantar la voz por la dignidad, valiente, furiosamente ante el tirano.

Reconocer lo justo no es lo mismo que adoctrinar en lo bueno, lo bueno jamás es un tema de clase. Lo bueno es el movimiento de las voluntades hacia aquello que es propio del hombre y que lo lleva a su perfectibilidad. Reconocer lo justo es acaso una virtud más, pues requiere logos, entendimiento, pasión, así como la búsqueda de la respuesta más importante ¿Qué es el hombre? Nada de eso importa si la respuesta las da el consumismo o cualquier otra manifestación del servilismo. En ese sentido, gritar ¡no! Es lo mejor que le puede pasar a un país. Porque el “no” revela la tragedia. El no apunta a lo que no se quiere ver o desvela lo que se oculta. Alguna vez, mientras intentaban secuestrarme, traté de gritar, pero la voz se me quebró como el acero de una espada. El miedo a lo injusto muestra un deseo por vivir bien, pero no es el miedo quien actúa con justicia, es el valor, otra virtud despolitizada. Que no muestran las caras los valientes, es obvio, son valientes, no osados, no idiotas. Pero muestran, en cambio, lo heroico moderno, voluntades que no se dejan aplastar por el mal gobierno, por lo injusto del hombre. Por eso ¡Griten(,) valientes! Razonen; actúen.

En una comunidad justa si te están matando o secuestrando todos haríamos lo mejor. Eso revela lo injusta que es la vida en México (alguien hace algo, aunque no siempre sea justo), pero al mismo tiempo deja ver que aún buscamos justicia. No tenemos hombres honorables en el gobierno, sino cobardes zalameros. Un hombre de honor además de oponer al gobierno rico con el pueblo pobre, hablaría de lo incongruente entre un gobierno feliz y un pueblo muerto. Trataría, además, de ver amigos en quien busca lo mejor, y no enemigos con obscuros deseos de vilipendiarlo. La política es más vanidad que deseo por lo justo. Éstos siempre son cobardes. Aristóteles veía un mal en la democracia, y era que, al gobernar el pueblo,  siempre habrá más ignorantes que sabios, más innobles que justos. La voluntad popular nunca es reconocimiento del bien si está enceguecida por una voluntad cobarde.

Javel

Corte y queda: Un pueblo humilde y orgulloso de sí como México, reconoce sus deficiencias y acepta, aunque abochornado, la ayuda que recibe. Sabe de sí y sabe que necesita investigadores, especialistas, expertos. Ríe cuando después todo está bien, como un niño. Esa era su capacidad, aceptaba al otro. AMLO quiere brutos e improvisados de buen corazón, especialistas en nada para no ofender sus capacidades, para no alterar lo uno inamovible. Ya temía yo que arruinara el diálogo con sus nacionalismos. Oaxaca es bello, si no vemos el deletéreo pozo.

Y fueron felices, por decreto…

Que los cuentos de hadas deben terminar con final feliz es una costumbre a la que pocos autores suelen ceñirse; sin embargo por alguna extraña razón nosotros solemos creer que estos relatos tienen un final equiparable con la felicidad.

La incomprensión de ciertos dolores nos hace ver con ternura el triste y miserable final que suelen tener algunos personajes entrañables, lo que suele hacer peligrosos a los cuentos de hadas porque resulta sencillo pensar en lo hermoso que resultan ciertos finales románticos.

Es como si alguien hubiera decretado que todos debemos ver un final feliz en cada cuento y narración que por fin termina, es como si la felicidad tuviera que ser alcanzada por todos de manera progresiva.

Yo no sé por qué la vergüenza de un emperador que desfila desnudo y renuncia a sus trajes se constituye en la felicidad de un pueblo que trabaja de la industria del vestido, tampoco sé por qué es deseable que una joven se convierta en espuma después de lanzarse en pos de un amor jamás correspondido.

Lo que menos sé es cómo los escuchas de cuentos aceptamos casi, casi por decreto que los personajes de los mismos deben ser por siempre felices.

Y lo que más me sorprende es cómo a veces los que dicen no creer en cuentos se sienten felices por decreto, aunque estén pasando una suerte como la de la pequeña cerillera que muriera en la víspera del año nuevo.

Maigo

Inocente preguntilla: ¿Será posible la infelicidad en un régimen político justo?

Revolución

“¿Hipotéticamente? Fácil: porque si uno no mata, nadie lo toma enserio. Es la única prueba de seriedad, lo único que cuenta.” La frase golpea. Irrumpe en la comodidad de la lectura entretenida. Le exige al lector que se tome enserio la tranquila seriedad con la que se dice. Podría leerse como una frase política, de protesta, con sustento si se tiene en cuenta que la dice el famoso nihilista Serguei Nechaev puesto como personaje por J.M. Coetzee en El maestro de Petersburgo. Aunque parece ir más lejos de esa comprensión, pues Dostoyevski, el personaje con el que dialoga el nihilista, no intenta hablarle de la importancia de la justicia, de que está justificando fácilmente un crimen con su idea, sino que le cuestiona por qué quiere ser tomado en serio, como si le preguntara: “¿sabes a dónde quieres llegar con esas ideas?, ¿estás poniendo a prueba a la policía, a la comunidad o a ti mismo?” Quiere entenderlo, saber si su acompañante sólo es un provocador, un justiciero radical o un egoísta que muestra constantemente su poder y constantemente quiere superar su alcance. Popularmente se concibe a Serguei como un personaje que buscaba la revolución de cualquier manera. Se podría pensar que contra la injusticia se vale todo; quiere enmendar la ley ilegalmente. ¿Quiere actuar por encima de la ley porque ese es el único modo de ser tomado en serio?, ¿considera que si la ley es puesta y ejecutada por hombres, él, al concebirse como un hombre no inferior a los demás, y en muchos sentidos superior, puede derrumbarla para cambiarla?, ¿se sentía indignado por el modo en el que eran tratados los rusos y quería hacer algo al respecto?, ¿creía que toda revolución necesariamente tiene que ser violenta para ser tomada en serio? Algo parece claro: Nechaev es alguien que hará cualquier cosa para conseguir lo que quiere.

Yaddir

Pan (ocha) y circo

El feminismo es malo, la brillantina también.

Tenía que decirlo, y, de paso, señalar que si hay protestas asombrosas, no están en este continente. Los Hong Konguenses están haciendo una labor formidable de ganarse la simpatía mundial y eso que la mayor parte de sus integrantes rebeldes poseen uno o más penes. ¿Cómo le hacen? Seguro son bien bárbaros a la hora de protestar y defenderse.

Podemos jugar a ser rebeldes, hacer como que señalamos las malas prácticas del gobierno, o denunciar el abuso de poder o de autoridad; Pero a final de cuentas, la violencia no se puede maquillar.

Así que si se va a hacer protesta, si se va a hacer una revolución o algún cambio de régimen, lo menos que podemos hacer es tener huevos de hacerlo bien y como la naturaleza manda. No quemando casetas de policías, o llenándonos las manos y la cara de sangre (propia). Las payasadas tienen un impacto profundo y devastador pero para la polis, nunca para el tirano.

Morir de amor

 

Morir de amor

 

a 95 años del fallecimiento

de Antonio Gómez Robelo

Lo dijo bien José Emilio Pacheco: “Antonio Gómez Robelo fue el hombre que murió de amor”. Definición que sigue la observación de José Vasconcelos en El desastre: “Pereció Rodión devorado por el deseo”. Cosa curiosa, el apodo juvenil marcó el destino del poeta. Para Julio Torri, Gómez Robelo se encontraba entre los hombres “deliberadamente inadaptados al medio ambiente, atentos sólo a un alto designio espiritual”. Quizá por ello, como señaló Jaime Torres Bodet, “aplazaba la obra para un mañana improbable”. De su único poemario, En el camino (1906), comparto el poema intitulado “Anochecer”.

Cuando, solo, en el bosque milenario,

A la hora triste paso, y en la bruma

De un pálido crepúsculo se esfuma

El camino silente y solitario,

 

 

Cuando agobia mis hombros duelo inmenso

Y en la misma avenida en que te he visto

Me asalta tu recuerdo, y no resisto

Mi soledad, y lloro y en ti pienso,

 

 

La adoración que me consume el alma

Desborda al fin en quejas y clamores;

Oídos da a los árboles: te nombra,

Y aguarda su respuesta…

                                      Triste calma

Se extiende, quedan mudos los rumores

Y al bosque y mi pasión cubre la sombra.

Soneto de sombras, “Anochecer” da la impresión inicial de describir un solo instante, de crear una escena germánicamente romántica: un solitario en el bosque rodeado por la noche y con el corazón destrozado. Y bien puede ser así, aunque eso no lo sea todo. El poema, véase bien, es un soneto, pero con el doceavo verso partido. ¿La extravagancia formal es mero capricho o una sabia orientación para leer el poema? Los dos cuartetos tienen un inicio semejante, pues ambos sitúan dos escenas, dos momentos, de los que da cuenta el poema. Tras la partición del doceavo verso torna evidente la reunión de ambas escenas. La extravagancia formal resalta la comparación que sucede en el poema. Por la partición de la tristeza en el verso doce es posible la noche del alma. Expliquémoslo.

La primera escena sí aparece en un inicio como clásicamente romántica: un caminante solitario pierde el rumbo en el bosque. ¿Qué bosque? El bosque milenario. A primera vista nada añade el adjetivo, pero eso es sólo una impresión inicial. Gómez Robelo adjetiva con precisión toda la estrofa: el bosque es milenario, la hora es triste, el crepúsculo es pálido… sólo el camino tiene dos calificativos. Los adjetivos no están de más; el bosque no es cualquier bosque sino el milenario. ¿Qué es el bosque milenario? Nótese por el camino inverso: el camino silente y solitario sorprende al paseante, pues regularmente el bosque ha de ser rico en voces y compañías. El bosque milenario es la vida de los hombres, la vida de las presencias y las voces. ¿Cómo se silenció la vida? La vida adviene silenciosa en la hora triste, en el pálido crepúsculo… en la muerte. Que la muerte es un pálido crepúsculo no ha de resultar sorprendente: la muerte no brilla y sólo por imaginación nos aparece como ocaso. La muerte pierde el brillo de la vida como el muerto en vida no puede volver a brillar. La primera escena nos presenta a un hombre ante el tiempo de la muerte, el hombre para quien vivir ya no tiene sentido.

Habilidad del poeta, ante el sinsentido aparece el segundo cuarteto. Aparentemente, el segundo cuarteto ya no es rural, sino citadino. Un hombre al filo de la avenida —¿por qué no a un lado de la vía férrea?— cuitado por su soledad, apesadumbrado, abandonado… Note el lector la reiterada presencia de las “eme” en la estrofa. Véase la reiteración como la presentación de la carga y la pena que ensombrecen al solitario. La carga es alevosa ante el recuerdo. El recuerdo es interno; la ciudad, un hecho externo. ¿Y no es la ciudad tan novedosa que pone en peligro los recuerdos? De ahí la avenida: cada uno ha tomado su camino y en la inmensidad de la urbe no volveremos a encontrarnos, no encontraremos a nadie igual. El duelo inmenso del solitario se origina en la vida perdida: nunca más tendrá la misma compañía. En el bosque, el solitario perdió el sentido de su vida; en la ciudad, perdió la mejor compañía. Si el bosque es la palabra, quien renuncia a ella ya no podrá saber por qué vivir. Si la ciudad es la amistad, quien renuncia a ella ya no podrá saber que no sabe. La partición entre amistad y palabra es tan artificial como la del doceavo verso, por ello el poeta ha de reunir en el mismo solitario al bosque y la ciudad.

En los unidos tercetos, el alma da oídos a los árboles. ¡Bellísima imagen! Los árboles, claro, son las voces que conversan en la vida y el solitario presta atención a dichas voces. Sin embargo, las voces no le dicen nada. Palabrería, verbosidad, charla inútil… El solitario nombra aguardando respuesta pero ya no hay quien cuide la palabra. Que muchos dicen muchas cosas es cierto, pero no por ello uno se encuentra entre todos esos dichos. Es la charla vana, superficial, la que agrava la pesadumbre del solitario. No es que no haya alguien para entretenerse pasando el rato, sino que la vida se cubre de sombra cuando la palabra no vale. Renunciar a la palabra, a la amistad, a la vida, a la idea: el solitario se descubre en la sombra del nihilismo, acepta la muerte como recurso último porque ya no atisba lo mejor. El nihilismo se extiende como una triste calma, como la calma triste en que nadie podría morir de amor.

Námaste Heptákis

 

Escenas del terruño. 1. Lea usted la historia de la aprobación e implementación de la LEI (Ley de Existencia Indeseada) por la que en México se prohíbe que alguien sea más inteligente que el Supremo Líder. 2. Denuncio leal y patrióticamente la deficiencia del servicio de internet, en particular de los proveedores de los tres ciudadanos y líderes de opinión comprometidos con la tetratransformación histórica que guardaron silencio mientras las feministas destrozaban una zona de la Ciudad de México. El animador de televisión y dos veces doctor Ackerman, el productor de narcoseries y gerente de bots Epigmenio y el difamador moralista don Fede no dijeron nada sobre la inacción de los funcionarios. ¿Se quedaron sin internet o todavía no habían recibido línea? 3. Perdón, me corrijo: la manifestación y los destrozos de ayer no ocurrieron, pues La Jornada online, SDPnoticias y AristeguiNoticias no registraron los hechos. Caray, si yo fuera malpensado.

Coletilla. “For life is quite absurd and death’s the final word”, ¡Hoy se cumplen 40 años!