El Tesoro de Otros

¿Cómo iba a reportar semejante noticia a sus superiores? Había pedido veinte hombres de la guardia real para que lo escoltaran al lugar donde se encontraba el tesoro de aquél famoso emperador mexica; además cinco de los más prestigiosos arqueólogos habían perdido la vida durante la excavación, ora por un derrumbe, ora por gases venenosos atrapados entre las rocas. Ni siquiera alivianó el pesar del capitán Hernán, el saber que la leyenda era verdad. Sí, encontraron el tesoro, pero, ¿a qué precio? No había manera de recuperar la inversión vendiendo la cochina pluma de quetzal que encontraron dentro de un baúl.

El vendaval II (otros tres intentos)

El vendaval (otros tres intentos)

 

El pasado lunes en este mismo blog, mi amigo Cantumimbra presentó tres versiones de su poema “El vendaval”. Hoy presento tres intentos más del mismo poema. No puedo llamarle revisitaciones, pero les diré rediversiones. ¿Alguien más se anima a vendavalizar?

 

Versión 4: lira

Arrastrando despojos,

deshilando en lágrimas la voz;

anublando los ojos

el vendaval nos inunda atroz:

es la crueldad que reina a sovoz.

 

Versión 5: haiku

Tras la matanza

nuestra voz torturada

yace en el polvo

 

Versión 6: copla infantil (para niños crueles)

El vendaval sin rostro

que viene por ahí,

la voz tendrá por costo

y nadie podrá reír.

 

Námaste Heptákis

 

Estantería. 1. El novelista Rafael Pérez Gay, en compañía de Gutiérrez Nájera, nos enseña a ver a las lluvias torrenciales en su relación con la humildad. 2. Reconocer los rasgos velados del alma del amigo cuando revisamos los libros que dejó tras su muerte, conocer al otro en otro tiempo, continuar la amistad en otra vida. Hay que leer “Los libros de mi amigo” del poeta David Huerta. 3. Para el poeta e historiador Tomás Calvillo vivimos “el reino de la desnuda violencia como fuente de poder económico y político”.

Coletilla. Leo con gusto una reseña de la obra “Herodes Hoy”. Es la puesta en escena de la obra “H” de Richard Viqueira, incluida en Tragedias Tempranas [Tierra Adentro, 2007]. Parecen buenas noticias que se monte teatro contemporáneo, que los jóvenes vean teatro contemporáneo y que lo reseñen en su sitio.

 

Tríada: esbozo mínimo del alma

Tríada: esbozo mínimo del alma

La gracia del arte no consiste en doblar la necesidad. Ningún producto de la inteligencia humana puede transformar la naturaleza de algo: la cocina lo muestra, al igual que cualquier arte. Los ingredientes pueden pasar de crudos a cocidos, absorber mediante la cocción los sabores (porque el sabor es algo que se gusta gracias a la humedad) de las cosas con que se mezclen, pero no existiría la cocción sin agua o calor. El arte del cocinero depende de la manera en que su sazón (el talento artístico) logra ocupar los materiales. Puede haber cocineros que conozcan mayores combinaciones de sabores e ingredientes, pero eso no les da la capacidad de lograr mejores productos. La cocina, el arte como tal no es una especialidad: es conocimiento práctico que se conduce con el talento para algo. Sin la necesidad no hay arte: la actividad creadora es libertad del alma en tanto que la naturaleza del intelecto se recrea ayudada de la materia o, mejor, obrando con ella. La inteligencia humana es libre con las obras de arte aunque las haga para “sobrevivir”, desde un platillo exquisito hasta una pintura en la que retrata su propia efigie. El retrato es posible gracias a la libertad de reconocerse en un chopo claro de agua; el ocio que logró hacer de la imagen cotidiana una proyección colorida, dispuesta conforme a la misma imaginación para el color es muestra de la libertad primaria en el arte. El mundo sigue envuelto en el brazo de la necesidad: somos libres no en oposición a la naturaleza, sino en el mejor modo posible de vivir, que la naturaleza no puede obstruir, pues el hombre es el único animal que puede ser feliz.

El arte médico consiste en sanar enfermos, no necesariamente en evitar la muerte. Sanar a un enfermo, restablecer el estado normal (pues la enfermedad es natural, mas no normal), es decir, regresarle la vivacidad que le fue arrebatada por las garras de un resfriado, una diarrea o una migraña depende de que se conozcan los síntomas del enfermo y el efecto de un remedio. No es médico el que sabe que el té de manzanilla sirve para relajar el estómago, sino el que conoce y puede explicar satisfactoriamente la relación entre el síntoma del enfermo y su condición, para aplicar el remedio que corresponde. Por eso el médico requiere siempre de un diagnóstico. Sabe que su arte nada puede contra la muerte, lo cual quiere decir que las enfermedades no son nada que el ser humano se pueda ahorrar de manera permanente. El arte médico no fue pensado para la prolongación de la vida, sino para la restauración del ser vivo que es el hombre. Aceptar las enfermedades no nos convierte en suicidas. La obra del arte médico no puede producir vida, ni siquiera en las fantasías eutanásicas y eugenésicas de las que somos partícipes. La medicina pierde su nombre cuando se diluye el ser vivo, porque ya no conoce el sentido de lo práctico ante la enfermedad.

La inteligencia se topa con pétreo muro cuando trata de juzgar lo artística de una obra de arte escrita. La lectura más común siempre es una muestra de los golpes dados de frente en los muros que abre la vida del artista o autor. ¿Para qué son las obras de arte escrito? ¿Consiste él en el acomodo elegante, complejo de la expresión oral? ¿Su propósito es lo que lo hace arte? El propósito de una obra escrita nunca es claro, a menos que se refiera uno al más evidente, que nutre todo objetivo especial posible: ser leída. No permanecer comunicable, sino ser leída, lo cual significa que, más que se hable mucho de ella o que se elogie, se hace para que los demás puedan ser en el arte de la palabra, que recrea, obviamente, al autor, pero que sobre todo establece un puente en el trabajo lector. El arte poético de las rimas enseña que el sonido de la voz es sentir de la palabra, que es un sentir de la vida como tal, que sería imposible sin que ella, nuestra vida, se aclarara, se gozara, se doliera en la palabra vivida, que puede ser vivida por un lector. No es fácil decir si es posible vivir sin ella, o si acaso merece ser llamada vida aquello que es hueco de la palabra. Las palabras no mantienen la vida, pero son uno de los mejores signos del progreso en el arte. El pensamiento, labrador en la palabra, es quizá el mayor signo de humanidad.

 

Tacitus

El hilo rojo

El hilo rojo

Se han soltado, pero antes, cada uno rasguñó el corazón de su amado.

Egoísmo puro: se procuran un hilillo de sangre desde el corazón del otro,

cordón umbilical para nunca alejarse.

Nadie es tan valiente en el amor.

 

Ese hilo de viscosa complicidad hiriente lo besan, lo jalan, lo acarician

con la ternura que da el meñique, que da el rencor de estar lejos.

Esperan que el otro sienta el recado, el recuerdo de su voz.

¡Ay, marionetas de sí mismos! Se acercan. El hilo se tensa. La herida arde fresca.

 

Sonríen en la obscuridad, se tientan, se besan, se rompe el acuerdo

de pasiva agresión. Se matan, se buscan. ¿Por qué se buscan si ya están juntos?

Se ponen al tanto de la vida que han perdido.

Sonríen, pero les duele la presencia del otro.

Su sonrisa es franca, su dolor también.

¡Ay!

El hilo está roto, pero los ata la herida.

Sus voces ya no vibran. El silencio crece como en el agua la onda.

 

Javel

 

Rutina

La rutina no es cansada, lo que cansa es la falta de alimento para el alma.

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Preferencias públicas

Nada tan falso como el aceptar y validar las opiniones de todos. Todos tenemos preferencias que encubren lo que consideramos bueno y, al acotar lo bueno, estamos señalando lo malo. Lo malo es que se cree que las preferencias siempre cambian y nunca tienen un impacto decisivo; son débiles, poco importantes, pasajeras. Lo bueno y lo malo gustan de a poco.

Preferimos saborear lo dulce a lo amargo o viceversa; preferimos un equipo deportivo a otros, quizá por lo que creemos que nos decimos con ese club, quizá para gozar, quizá para pasar el tiempo; se prefiere una opinión política a otra. Aquí empiezan los problemas. Aquí se deben ver las consecuencias de la preferencia; se debe dejar de tomar como preferencia lo que no puede ser otra cosa que elección. Preferimos mirar como preferencia una opción política cuando nuestra elección nos cambia la vida o nos la quita. Pero aunque se sea consciente de esto, se sigue viendo la política como una preferencia. Preferimos ver rodar una cabeza ante una catástrofe que se pudo evitar que intentar entender cómo debe juzgarse a los responsables. Las preferencias deben ser tomadas enserio para evitar usar la máscara favorita de la justicia: la venganza.

Los que ostentan cargos públicos ven la oportunidad de golpear a su enemigo, directa o indirectamente, y ese enemigo encarna el mal, cuando comete un error que socava la posibilidad de vivir bien. Así fingen que representan, que son justos, que ellos son mejores, que, y esto es lo más importante, al fin hacen algo. Se nos pasa que nosotros preferimos creer que hacen algo en vez de percatarnos cómo su egoísmo socava la política, pues así nos consolamos creyendo que un cambio para bien es altamente posible. Preferimos la ilusión a la realidad. Cuando sucede algo justo sin ser espectacular, no nos gusta verlo, pues preferimos lo ostentoso. Las preferencias nos hacen creer que es fácil ser felices.

Yaddir

El vendaval (tres intentos)

Versión 1: prosa poética

Sufrió la voz tantos años el vendaval de matanza y tormento, martirio y tristeza, masacre y tortura, que los nombres se le fueron desgastando; hasta que llegó el tiempo en que el terregal que se levantaba era lo mismo polvo de huesos que de palabras.

 

Versión 2: soneto

El vendaval de matanza y tormento,
truena su fuerza, y nubla los ojos,
ciñe la voz, traga ruina y despojos
de la que fuera ciudad y ahora es cuento.
El vendaval de masacre y tortura,
ha desgastado los nombres, las formas,
ha resecado ley, hábito y norma
con la insistencia de furia y locura.
Bárbaros montan grotescos altares
con los que veneran al cruel vendaval,
bailan de gozo al mirar que los mares
se hinchan de rojo preñando con sal
tierras que fueran ayer manantiales,
y hoy son de hueso y de voz por igual.

 

Versión 3: verso libre

El cruel vendaval se ciñe a la voz:
furioso, la asalta, la embiste su trueno,
la truena en su estruendo. La voz le resiste
mas sigue en su asalto incansable que ruge
de lejos, de cerca, por dentro, por fuera,
y sigue, no agota, no suda, no llora,
día tras día,
año tras año,
tiempo tras tiempo.

El cruel vendaval se ciñe a la voz:
revienta tormenta que rompe y destroza,
es matanza y tormento, es martirio y tristeza,
es motín y traición, es masacre y tortura,
la gasta y desgasta, le quita la forma,
confunde la recta, la cuenta, la altura,
los nombres que fueron ciudades trastocan
en cuentos secretos de ocultos sentidos,
día tras día,
año tras año,
tiempo tras tiempo.

El cruel vendaval se ciñe a la voz:
debajo lo adoran las casas salvajes
de bárbaros mudos que erigen altares
grotescos, tiranos, de monstruos profanos
y bailan al ritmo del roce y desgaste,
obrado por sal con un filo constante,
en cantos, palabras, razones y nombres
que lloran la tierra reseca yaciente
debajo del cruel vendaval que levanta
innúmeras nubes del polvo asfixiante
formado con restos de hueso y de voz.