Fiesta

La alegría reinaba en toda la comunidad, el regalo que había traído Prometeo, había resultado mucho más provechoso para celebrar que para otra cosa. Sí, es cierto que la primera intención del Dios fue alejar a los animales salvajes de la ciudad, dar luz por las noches y ahuyentar el frío de los cuerpos de los hombres. Sin embargo, las lanzas, la luna y las pieles hacían un mejor trabajo a la hora de satisfacer estas necesidades. Cuando el Dios llegó, los hombres quisieron celebrar, y comer como nunca antes lo habían hecho, y lo lograron.

Marcha infructuosa

Marcha infructuosa

 

“Se solicita tirano” es la frase que resume el veredicto mayoritario respecto a la marcha por la unidad nacional del pasado domingo. Aunque nadie lo va a decir así de llano. La mayoría opinó que la marcha fue un fracaso por el número de gente que participó, por lo infructuoso del acto o por la ausencia de propuestas. Considero que el número de participantes no es argumento válido: la de 2004 fue mucho más numerosa y aun así fue menospreciada; la toma del Paseo de la Reforma en 2006 fue realizada por un número mucho menor de personas y todavía se cacarea legítima. El número no es suficiente para evaluar un hecho político. La ausencia de propuesta, por su parte, es inevitable: nada se puede proponer en unidad cuando no hay unidad. Ni siquiera la marcha, con su convocatoria y su crítica, sirvió para que discutiéramos la unidad (y el intento hicieron en la prensa Enrique Krauze y Jesús Silva-Herzog Márquez, pero no fueron escuchados). Al contrario, regodearse con el fracaso de otra marcha de pirruris encona la separación, aprovecha la diferencia para buscar pleito y aprovecha el pleito para incrementar la diferencia. ¿O no fue eso lo que logró la crítica celosa de la exclusividad de la indignación popular? Ni a la discusión de la unidad podía apuntar la marcha, con su convocatoria y su crítica, porque nuestras diferencias carecen de razones. A pesar de todo, me parece que lo más preocupante es la comodidad con que se esparce la convicción de lo infructuoso del acto. ¿En serio nadie ve que es una excelente noticia que veinte mil personas se manifestaran en una avenida de la Ciudad de México, sin necesidad de acarreos, corporativismos partidistas y escalafones militantes? Esto no había pasado desde las marchas por los 43, hasta que las boicotearon los anarquistas. Que veinte mil personas que no suelen tomar la calle por un asunto político lo hagan es buena noticia.

Claro, la real politik me dirá que tomo las pulgas por elefantes y confundo la llovizna con el diluvio. ¿Cómo es que me emociono por una marcha así, si tras ella nada ha pasado? ¿Cómo puede emocionarme una marcha infructuosa? Respondo: yo no soy el que espera frutos inmediatos de la actividad política. ¿Quién una marcha con frutos? Está la de Mussolini y sus seguidores sobre Roma. Y a mí, discúlpenme, pero esos frutos no me gustan. El modo más sencillo de cambiar las cosas es el del uso de la fuerza, y para las cosas políticas sin duda lo es la fuerza en manos de un líder. Pero el solo hecho de cambiar no me emociona. Así como no me parece necesario que la vida política sea la expresión del líder o que nuestra situación sea tan extrema que sólo quede la fuerza. Si la vida política nacional debe medirse por sus frutos y la situación es realmente extrema que requiere fuerza y liderazgo, entonces tenemos que otear el horizonte para identificar a algún buen tirano. Si lo identificamos, y en verdad es un buen tirano, tendremos que obligarlo a ejercer la fuerza, tendremos que obligarlo a derramar sangre. Si logramos que nuestro buen tirano nos tiranice, y con ello logramos resolver todos nuestros problemas, tendremos que cuidarlo de los tiranicidas y de los problemas que pueda enfrentar su tiranía. Para todo ello, de todos modos, nos tendremos que poner de acuerdo, tendremos que buscar un tipo de unidad, tendremos que buscar una tiranía fructífera. ¿Para qué, entonces, compatriotas, vuestro tirano? Prefiero una marcha infructuosa.

Námaste Heptákis

 

Escenas del terruño. 1. ¿Es cierto que en el municipio mexiquense de La Paz se ha presentado el primer grupo de pandilla sureña en el centro del país? Los padres de familia y profesores de la escuela donde hizo su aparición así lo han denunciado. En las fotos de las pintas, al menos el lenguaje cifrado coincide con las clásicas expresiones de ese grupo. Aquí urge una investigación periodística seria. 2. También debería investigarse con cuidado cuál es el interés del misterioso grupo que ganó la mayor parte de las licitaciones de estaciones de radio, como dice Mario Maldonado, invirtiendo mucho más del valor de las mismas. 3. La investigación que sí siguió es la de las opacidades en el manejo del presupuesto de la delegación Cuauhtémoc. El delegado, un expriista llamado Ricardo Monreal que, como buen priista, siempre acusa dobles intenciones en las notas que lo exhiben, ha descalificado -otra vez- la nueva investigación. 4. El pasado jueves 16, en Chicago, hubo una marcha de migrantes mexicanos contra el presidente Donald Trump. Cuando la marcha se detuvo frente al consulado mexicano la consigna fue: “Fuera Peña”. 5. Se contempla la desaparición de la Lotería Nacional, lo informa Alberto Aguirre en El Economista.

Coletilla. El pasado 1 de octubre señalé que Patrick Slim financiaba a los grupos detrás del movimiento llamado Frente Nacional por la Familia. Esta semana lo confirmó un reportaje de Luis Pablo Beauregard en El País. A partir de una entrevista con Vicente Segú Marcos, presidente de la Fundación Incluyendo México, el periodista confirmó la participación del hijo del hombre más rico de México, así como de Agustín Coppel -de Grupo Coppel-, Carlos Fernández -exdirector de Grupo Modelo- y Lorenzo Servitje -y por ahí se relaciona con el Yunque-. La organización tuvo tratos con Salvador Martínez della Roca, El Pino -exdirigente estudiantil del movimiento de 1968-, en el gobierno de Guerrero, y los tiene con el gobernador “independiente” de Nuevo León, el priista Jaime Rodríguez Calderón, la gobernadora priista de Sonora, Claudia Pavlovich, el de Quintana Roo, el priista-panista-perredista Carlos Joaquín, el de Querétaro, el panista Francisco Domínguez y el de Tamaulipas, el panista Francisco Cabeza de Vaca. La organización, que ya anunció sus intenciones para la elección federal de 2018, ocupó el cuarto lugar nacional en ingreso por donaciones en 2016 (más ingresos que Fundación Teletón, pero el periodismo militante -para no ir contra quien los financia- no lo ha investigado). Antes de Segú, y no está de más recordarlo, el presidente de la organización fue Luis Guillermo Zazueta Domínguez, quien como operador de Transforma México trianguló recursos de la Lotería Nacional a Vamos México, la fundación que promovía la candidatura presidencial de Marta Sahagún en 2004, con facilidades de la entonces secretaria de Educación, Josefina Vázquez Mota -a partir de mañana precandidata panista a la gubernatura del Estado de México-; Zazueta ahora es consejero de ICA, la empresa encargada del nuevo aeropuerto junto con Grupo Carso, de Carlos Slim. El hijo del mexicano más acaudalado tiene su propio proyecto político.

 

Minucias sobre la distribución

Minucias sobre la distribución

La economía no puede estar basada en promover la igualdad absoluta. El problema no es hacer ricos a todos, porque el fundamento de investigar la existencia de leyes o postulados al respecto del comportamiento de los mercados y de su relación con el bienestar está en lo que la vida requiere. La economía es también una investigación en torno al bien y las necesidades. Incluso de las necesidades de los ricos: sentirse mecenas, hacer de sus carros extensiones de su personalidad, decorar su jardín, acumular e invertir. Es claro que desde el aspecto económico se introduce el bien: se distingue entre acciones privadas y políticas convenientes para lograr un fin. No necesariamente da la virtud de la práctica, porque las más de las veces un buen inversionista no es un magnánimo: se puede hacer dinero y gastarlo en cosas redituables, sin la voluntad de donarlo o regalarlo para un bien público. También se puede gastar de manera que parezca conveniente sin evitar la mezquindad: los gastos inútiles a favor de los necesitados, dándoles cosas que, en realidad, no necesitan (ahí se ve que el criterio de lo necesario es elástico cuando no existe sabiduría sobre la naturaleza del hombre).

Eliminar la diferencia entre ricos y pobres es una ilusión. No porque no sea deseable que los pobres sean dignos, sino porque ser pobre no tiene nada que ver con la dignidad o la libertad de la persona. Mejorar la condición es un uso ambiguo del significado de mejorar. Don Quijote lo expresaba muy bien: ser pobre no quita ni lo cortés, ni mucho menos la voluntad de lo mejor. La redistribución del ingreso es un camino sabio pero no con el fin de sólo continuar con la ilusión de que ser ricos nos hace mejores. No se busca salir de pobres, sino hacer un mejor gasto en tanto sirva para dar posibilidades más allá del trabajo infinito. Posibilidades que den para atenderse, comprar, ahorrar. La mejor distribución puede ser deseable aún si eliminamos el paradigma moderno del mecenazgo del estado y de su invitación a incorporarse a la vida de la que él es modelo, que es un círculo vicioso en donde se exceden costos de manera absurda. Se invierte la lógica de la libertad por el dinero, pues la redistribución podría propiciar que oficios y artes, modos de producción, dejen de suponerse sólo como empleo para el mantenimiento. Digo que así se invierte la manera común de pensar la relación entre el estado y sus protegidos, porque, en vez de funcionar con el mecenazgo (que se vuelve demagógico) muestra que la verdadera libertad está en no someterse. Producir es un modo de la libertad que, como la misma lógica moderna intenta sostener, permite mantenerse.

Podría pensarse que la redistribución, lejos de lo que se cree ahora, es menos demagógica que la generación de servicios sociales. Mantiene una garantía de acceso al dinero para los ciudadanos, que por lo mismo no tienen que esperar la panacea en manos de un grupo político. No favorece el servilismo, sino al contrario. Propicia la subsistencia. No iguala las condiciones de la fortuna, pero sí acerca mejor los modos de vida que se dan en los extremos, más allá de esa dialéctica de la transformación en la prosperidad del progreso. Así podría usarse mejor un dinero que se gasta actualmente no sólo en sueldos de servidores públicos (que ellos también requieren de un sueldo) sino en programas sociales parciales y miopes, recursos para partidos políticos, ilusiones educativas, becas mal empleadas, etc.

El problema de la subsistencia no es llegar a ser libre, quitarse el nombre de don nadie. No llegar a la ilusión que el rouseaunianismo académico nos impuso: esa igualdad en donde hasta el progreso intelectual esconde una deformación. A fin de cuentas, la economía, en todos sus niveles, apela, en último grado, a la inteligencia personal. Fuera de los niveles en que las bolsas de valores y los bancos operan, hay causas humanas para el crecimiento. No se debe a fuerzas invisibles únicamente. El mercado es un escenario de deseos y satisfacciones. Así, el enfoque de los mercados internos se vuelve central: los satisfactores que no encontramos en nuestra propia producción serán sólo fantasmas proyectados en esa pizarra abstracta de los escenarios mundiales.

Tacitus

Perorata de un salvaje

Perorata de un salvaje

…este chiquillo parece bastante reacio a unirse en el juego erótico corriente […] empezó a llorar y…  Aldous Huxley

 

Una vez que se llega a la conclusión: “Todo está permitido”, parece una burla inocente andar hablando de castigos. Si todo está permitido, es decir, si no hay límites, ¿por qué se habría de indicar uno? Los castigos, las reprimendas, son precisamente la muestra de que si se actúa liberalmente, habrá un cerco que nos impida reintentar el camino. Mejor es hablar de una rehabilitación, que no de un castigo. La rehabilitación permite, entre otras cosas, introducir en el pensamiento de los hombres, la escurridiza idea de que necesariamente no hay límite alguno, lo que hay es una mala decisión de cómo se quiere llegar al fin deseado. Lo que se debe es rehacer el camino, no obstruirlo, ni satanizarlo.

Castigar, es de hecho, una muestra desmesurada de la fuerza y el salvajismo que aún ronda nuestras vidas. El que castiga es un asesino de la libertad, y el que asume el castigo, un mártir del que hay que aprender la paciencia; pero sobre todo, al que hay que apoyar una vez que salga, para que retome su camino, siempre y cuando lo haga por otra vía que no coercione su libertad. Pues, de hecho, es la autenticidad del hombre ingenioso o talentoso la que se necesita conservar y alentar antes que nada. El hombre de talento es el que muestra el camino de la originalidad siendo transgresor de las costumbres apocadas que en nada ayudan al desenvolvimiento de la naturaleza humana. Ser libre y autentico es aquello que se ve impedido por la justicia.

El castigo, piensa el hombre talentoso, es el límite entre el bien y lo que debe hacerse para romper estigmas éticos, que malogran la grandeza del hombre que posee un ingenio superior. Por eso en las utopías no puede haber castigos, sino rehabilitaciones, pues todos son libres de gozar de la naturaleza humana en todos sus sentidos, siempre y cuando se respete la vida. La vida, siendo el sostén del talento y el placer, no puede ser tan pobre de tiempo y sensaciones… pero eso ya lo resolverán los científicos y neurólogos.

Pero acaso las utopías que ofrecen lujos, placer a flor de piel, vida eterna, poder ser auténtico, se olvidan de un pequeño detalle llamado Dignidad. La dignidad tiene que ver con la libre y plena realización del hombre como ser bueno y feliz. Es decir, la originalidad desde la postura de la dignidad humana, también apoya lo auténticamente humano, pero pone como fin a la felicidad, y no al placer infinito. El salvajismo al que hacía referencia hace un momento y que aún ronda en nuestras cabezas, es precisamente la furia que se siente cuando se nos intenta restar o aniquilar la dignidad propia o de algún hombre o pueblo. Este salvajismo nos ayuda a mantener los pies en la tierra. Y precisamente se pierde el terreno cuando no se muestra lo perverso del mal, lo inadecuado, lo tortuoso de las malas acciones. Cuando se muestra al mal, como algo deseable, perdemos vida. Castigar no es, por todo esto, un salvajismo, sino la más alta muestra de dignidad ante lo que está mal en el mundo. Es un intento por no dejar que el mal gane terreno. Es una muestra de cuánto amamos el bien. Es el buen salvaje gritando, ¡no me mates! ¡No me denigres!; o bien, es el niño que llora porque le da miedo el mal y se avergüenza de ser partícipe de este grotesco juego.

Javel

Hermandad

El llanto de tus ojos propicia angustia en mi alma, la ausencia de tu voz me agüita el corazón, el sudor de tu frente me mueve y amilana. Mis egoísmos se pierden cuando veo tu dolor, quisiera calmarlo y veo que no puedo hacer nada, sólo puedo tomar tu mano y acompañarte en tu dolor, mi impotencia y tu sufrimiento en algún sentido nos hermanan, porque sin sentir siento y sin sufrir sufro y porque tu alegría me alegra y tu salud me devuelve la mía.

 

Maigo

Celebrando el amor

Hace poco un amigo de espíritu crítico me preguntaba: “Hey, tú, quien se ha relacionado con estudios humanísticos ¿se puede celebrar el amor?” Antes que prestarle atención a su pregunta, me desagradó el tono con el que me habló y pensé que lo habría llevado a hacerse esa pregunta. Creyendo que tenía una idea completa de lo que estaría pensado, supuse que estaría dolido porque fechas como estas le recuerdan su soledad; él dice estar al margen de toda celebración popular, pero el mundo, con toda su artificialidad, sigue afectándolo. Después pensé que su situación, su aceptación y rechazo de las costumbres de las que no puede esconderse, lo habían llevado a una buena pregunta: ¿se puede celebrar el amor?

Deambulando en posibles respuestas, no le encontré defecto a celebrarlo, si es que es algo que le hace bien a las personas. Pero como en casi toda celebración, el éxtasis del momento, el saberse parte de un movimiento que se subsume al modo de vida aceptado por el mundo en el que se vive, condiciona lo que debería ser una celebración del amor. Es decir, el que haya un día específico para el amor, puede llevarnos a creer que ese día es suficiente para celebrarlo y que en los demás hay que vivir de acuerdo a la búsqueda del éxito. Por otro lado, también se puede ver en la celebración del amor una consagración de ese éxito, pues quien más puede participar en todas las celebraciones y de manera envidiable es quien tiene los medios para celebrar. ¿Qué va a celebrar el pobre hombre que anhela comprar rosas y no se puede procurar ni el listón para envolverlas? Exagerando esta postura, vemos que la celebración está limitada a quienes pueden celebrar; los demás están vedados. Pero esa fue sólo una respuesta con la que choqué. Otra fue que en el día en el que se celebra el amor había una aceptación tácita a cualquier modo de expresión posible; si a una persona se le ocurría cantar en el metro alguna canción de Armando Manzanero a su pareja, eso se podía considerar como un gesto del más dulce y valiente romanticismo y casi inmejorable manera de celebrar dicho día; en cualquier otro momento, el tipo sería tildado de loco, ridículo o muchos insultos más. Finalmente llegue a la conclusión de que celebrar el amor no debería ser un asunto público, toda celebración es pública y política, que más bien se trata de una unión íntima, de dos personas que siendo plenas son felices.

Yaddir

Un cuentito del final

«En otro lugar apartado de aquí vivía un señor. Muy extraño él. Hace unos días que pasaba cerca aproveché para visitarlo y ya no lo encontré. El tipo se la pasaba diciendo que buscáramos ser sabios».

Distraídamente el oyente soltó una risa desdeñosa por encima de la pantallita reluciente que sostenía. Luego preguntó «¿y qué, nomás te estaba molestando, o de veras no sabía que ya todos lo somos?».

«Pues no sé si sabía o no pero mi culpa no es: yo varias veces le llevé mis títulos para que viera».