Sobre las ideologías

En mis momentos de mayor dogmatismo saludo a casi cualquier desconocido sólo porque se parece a un amigo o familiar. De la misma manera procuro no salir de casa para no toparme con las mil caras hermanas de mis enemigos, quienes se cuentan a manojos. Pero un rato de reflexión me ayuda a carcajearme de mi estado. Poco consuelo resulta saber que mi padecimiento no es un invento mío, pues muchos, casi tantos como la gente que me tiene ojeriza, se dejan llevar por sus prejuicios a un nivel científicamente imposible de demostrar. Lo que sí me da risa es escuchar los grandilocuentes discursos de quienes creen que todos somos completamente diferentes, casi tanta como los dogmáticos partidarios de la igualdad.

Los prejuicios más sólidos no son los que instaura el oscuro y viscoso sistema, aquel ser que todo lo ve, todo lo sabe, y quiere mantener el poder a toda costa, sino aquellos basados en las ideas más sofisticadas. Las ideas, como el dinero, nos permiten ver las cosas de la manera como realmente no son. Adecuan la realidad a como queremos que nos aparezca. ¿Pero de dónde surgen los disfraces ideales? Al parecer, surgen de la comodidad, de las respuestas más fáciles a las preguntas más difíciles. Pero no cualquier respuesta queda con cualquier pregunta, para que una respuesta sencilla funcione debe acomodarse de alguna manera, embonar, a la pregunta. ¿Para qué sirve el conocimiento? La mayoría respondería que para conseguir un buen trabajo y ganar una buena cantidad de dinero. Si lo que se estudia le gusta a quien se arma para el futuro y le deja buen dinero, ya respondió a la pregunta de cómo ser y sentirse exitoso. El conocimiento es poder. Pero la respuesta es tan aparente como decir que el éxito es sinónimo de la felicidad.

Que nos guiemos con el mapa de la apariencia no quiere decir que en los escombros de lo aparente no se encuentre lo real. Tampoco significa que nuestras capacidades intelectivas sean insuficientes para entender el mundo. Quizá sea mejor hacernos preguntas y preguntar: ¿nos encontramos limitados para conocer los sucesos más insólitos de la realidad?, ¿entendemos los límites de nuestro entendimiento? Si no los desafiamos, no nos interesaría entenderlos. Sin intentar la reflexión de esos límites, no hay buenas respuestas.

Υαδδιρ

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