Palabras en azul

Palabras en azul

Permítanme divagar un momento sobre el habla, no en su generalidad, sino como manifestaciones tanto de la expresividad del hombre, así como de su deseo por entender y ligarse a este mundo y a los otros hombres que le hacen caso cuando habla y que él también atiende. Hablar y por ello mismo entender e indagar, vienen a ser de las particularidades más notorias del ser humano: ahí tenemos al zoon logon; a Dios que le da a Adán la facultad de nombrar; a Prometeo robando el fuego de la casa de Atenea para entregarlo a los hombres; y a Chesterton diciendo que los hombres nos distinguimos de los animales porque cuando ellos comen no hablan. No hay momento en la historia del hombre que no haya sido envuelto y atravesado por el habla cotidiana. Desde que el hombre es hombre, se reúne para escuchar y hablar acerca del mundo en que se encuentra y de cómo se entiende él mismo como participe de la realidad en que habita.

Los diálogos que sostuvieron los grandes genios de la historia son la muestra patente de que se desea entender el mundo y explicarlo a los demás, es decir, que amamos compartir el conocimiento, transmitirlo. Seguramente los primero cavernícolas se preocuparon las primeras veces al ver que la luna ya no regresaba, que aquella mujer blanca se ocultaba de ellos, y temerosos de perder a su compañera decidieron darle nombre para llamarla cada vez que ésta se iba. Hoy día las palabras han perdido mucho de esa fuerza. Parecen tan evidentes y tan poco importantes que su desgaste es cada vez más pueril o en su defecto, más económico. Pero hubo momentos de gran arrojo, y aún los hay, en que las palabras nos llevaban hacia una intimación con la verdad del mundo y con la belleza del actuar que sobrepasaban nuestra experiencia diaria, consiguiendo por ello mismo no sólo la fama, sino también la gran estima del entendimiento universal, por acercarnos a la gran verdad del mundo. Las palabras, que el hombre hable, parece que es la expresión del gran deseo por ganar la verdad de la vida, del mundo, del hombre, de Dios, del amor.

Siempre que el hombre desea conocer algo del mundo comienza su hablar. Todo empieza como pregunta y después como afirmación que deberá ser puesta a prueba bajo diferentes miradas. La afirmación regresará con la forma de nuevas preguntas. Volver a preguntarse, desde otro ángulo, bajo la influencia de otro autor o invadido por otras emociones es parte de la travesía humana. Sólo así la pregunta no se acaba, sólo así el hombre sigue hablando, es decir, sigue siendo hombre en tanto amante (cazador y adorador) de la verdad que reconoce aún se le escapa. ¿Y por qué habría de escaparse siempre? ¿No podemos llegar a saberlo todo? ¿Acaso inventamos nuestra esencia de seres amantes por miedo al sinsentido? Creo que nuestra propia condición de mortales e imperfectos nos limita, pero al mismo tiempo nos arroja para romper con nuestra propia naturaleza e intentar decir algo, después de todo, los amantes siempre son transgresores del orden. Por eso mismo, abogar por la labor del investigador, científico, filósofo, poeta, jurista, político, es en todo un acto de amor y de justicia para con la humanidad misma. La palabra es la muestra no sólo de la evolución, entendida ésta como la perfección continúa de quien busca el bien, y no sólo como la adaptación en un mundo caótico, del hombre, sino el rastro que han dejado los hombres para su propio bien. Si pensamos en la palabra como el resultado de accidentes neurológicos, lo que tendremos es el juego del equilibrista, de aquel saltimbanqui triste que se balancea entre no ser animal, pero que se cuida de no ser ángel, por miedo a caer en la profundidad de la mentira sobre la que él mismo se elevó. El anarquismo evolucionista no nos ayuda a contemplar la verdadera naturaleza del hombre, pues ésta cancela de tajo la decisión, la libertad de decidir es inherente al darwinismo. Tendríamos que aceptar que, se diera cuanta o no Darwin de este aspecto, los hombres habrían seguido su curso natural en la sobrevivencia. Pero al hombre la palabra lo reúne para deliberar sobre la buena vida, es decir, para convivir y no sólo coexistir.

Hace un momento señalé como momentos de dialogo los sostenidos por genios. Pero no sólo ellos dicen y argumentan, también el hombre común desde la cotidianidad se puede elevar, o mejor dicho, desde la contemplación pasiva de la naturaleza diaria, puede descubrir aquellas perlas que no había visto, ni pronunciado. El hombre común también puede embriagarse y tener sed de ellas. Pero ha de tener cuidado de no beber palabras vanas que lo dejen vacío. Toda palabra ha de tener una piel tersa y debajo una membrana jugosa. De lo contrario tendremos sed de vacío y nos preguntaremos ¿por qué nos dejan en visto? ¿Por qué ya no nos reúne la palabra? Quizá porque no decimos nada, ¿cómo respondemos a un ok, a un ja ja ja? Quizá las palomitas en azul duelen porque sabemos que algo se ha enfriado: el hombre con wattsap es la ridiculización del hombre, un desesperado a quien le aterra el silencio porque no ve diferencia entre habla y parloteo; entre apuesta por la verdad y bullicio efímero. A nosotros nos hablan de amor y parpadeamos, pero esto ya no importa, siempre y cuando haya alguien escribiendo…

Javel

Para seguir gastando: El presidente Peña pide que reconozcamos los logros de su gobierno, y que de no hacerlo traicionamos a la verdad, o al menos eso dijo en el CI aniversario de la constitución. Alguien habría de explicarle a nuestro presidente que la verdad puede tener como apoyo a la administración, es decir a la cuantificación de resultados, pero que la verdad en tanto tal, y más que nada la justicia, no se cuantifica, no se puede ser 15 o 75% más justo. Eso nos enceguece, pues la parte se vuelve el todo.

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El príncipe vals

El príncipe vals

Los caballeros no bailan. Siempre están sentados, aburridos, ¿a qué van a los bailes? Eso pensaba yo hasta que vi a uno que bailó con una dulce señorita. Sucede que por razones de compromisos sociales, he tenido que reunirme con algunos amigos en un pueblo algo lejano de aquí, en él habita una señorita algo porfiada, pero de buenos sentimientos, que se la pasa las más de las veces haciéndola de casamentera. Una de sus amigas o de sus proyectos, es la señorita que ahora baila con el caballero. Me enteré de que este proyecto fue fallido, principalmente por dos motivos, uno, por la excesiva imaginación de la casamentera, y dos, porque ella misma no se preguntó: ¿Cómo se ve un enamorado?, ¿qué es el amor de a de veras? El proyecto fue mal logrado, porque ella no advirtió más que piezas que podían ser manipuladas para estar juntas, es decir, que reunían ciertas características que bien podían complementarse. Ella preguntó a su amiga, ¿quién crees que te convenga más? A mi juicio, se olvidó de cómo se expresa un enamorado, para ver sólo cualidades convenientes a la alta sociedad. Se le olvidó que los hombres promedio, también se enamoran.

Convenció a su amiga para que se fijara como meta a un caballero inglés, de buen porte, sociable, educado, pero con fama de interesado. Los presentó, pero él vio mayor posibilidad en la casamentera, que en la amiguita de la casamentera. Ninguna de las dos lo advirtió así, porque la directora del proyecto veía que todos los halagos y molestias que se tomaba dicho caballero eran para su amiga, (esto le convenía a ella para su fama de celestina, así como para ayudar a que una mujer dulce y mansa, subiera de posición). Ellas veían lo que querían ver y no lo que estaba sucediendo. Lo que sucedía en realidad –y esto me lo contó el caballero que ahora baila–, es que la celestina, hizo que su amiga se olvidará de un buen hombre digno de confianza, educado y de porvenir, que no pudiendo ser más claro le pidió matrimonio a la señorita; aquí fue donde la casamentera encajó más el diente, sabiendo de la poca voluntad de su amiga, con la siguiente pregunta: ¿Quién te conviene más?, en lugar de preguntar ¿Quién crees que en verdad te ama? O ¿a quién amas tú y por qué lo dices?

La labor de casamentera sin una previa reflexión sobre qué es el amor, o ¿cómo es que sé que alguien en verdad está enamorado?, llevaron al fiasco y la decepción de saber que el caballero se interesaba más en la casamentera que en su amiga, y que al ser rechazado, con suma vergüenza por la señorita, fue a buscar otra oportunidad en otro pueblo, donde contrajo compromiso con una mujer que poseía una herencia considerable. Sale sobrando la pregunta de si ¿así se comporta un enamorado? Sí o no, depende de qué tanto podamos explicar nosotros mismos sobre nuestra experiencia amorosa. En fin que el caballero regresó casado, y en la primer oportunidad que tuvo para mostrar su burla y su orgullo cruel a las señoritas, decidió rechazar como pareja de baile a la dulce mujer que tenía enfrente. Dijo que estaba cansado, pero dos minutos después pasa bailando con su esposa frente a la ya injuriada mujercita. Es ahí donde empezó mi historia, el verdadero kingsman, se levanta y saca a bailar a la señorita, mientras la casamentera pasa del coraje por la injuria, a la sorpresa grata de ver que un caballero la auxilia. El mismo caballero que le ha cuestionado mil veces su labor como casamentera.

Y es que no sólo el amor está en juego, sino también la dignidad, si es que entendemos al amor como la posibilidad y finalidad de la perfección humana. Si no podemos dar justificación del amor (como búsqueda de lo que nos falta), toda exploración parece falsa, pues sólo busca la verdad el enamorado o el afanoso.

Aún no entendemos

bien este vals.

Javel     

La muerte como un sueño perverso

La muerte como un sueño perverso

Sospechoso pensar que la vida, una vez iniciada, nos acerca a la muerte. No es nueva la observación de aquellos que señalan que desde el momento en que nacemos la misma vida nos va conduciendo hacia su origen de no ser vida nuevamente, es decir, hacia la nada, hacia el útero infranqueable de lo que aún desconocemos. Pero hay que poner atención a estos postulados, pues en realidad reducen la vida a una sola característica de la materia. Del polvo vienes y al polvo volverás, anuncia sólo la fugacidad de nuestra corporeidad. Que nacemos para morir es innegable, pero reducir la vida al mero instante de la muerte, al final en que ya nada podemos hacer en contra de nuestra naturaleza mortal, aniquila toda posibilidad de nuestra dignidad. El nihilismo no comienza al nacer, sino al aceptar que la muerte es el todo sin sentido y la vida un intento banal de ordenamiento. ¿Qué sea lo real, si el caos o el orden? No lo puedo demostrar ahora, más que bajo el influjo de una convicción de vida digna y de paz.

El planteamiento sobre si la vida tiene sentido o es un sin sentido que nos conduce a la nada, tiene sus repercusiones en varios ámbitos. En el científico, por ejemplo, vemos que la conquista por la naturaleza, aceptando que la muerte es lo único que hay, es el deseo de evitar caer en la nada que hemos aceptado. En la política, vemos que la fuerza y el miedo nos permiten disfrutar más de lo fugaz de esta vida si lo sabemos aplicar a los demás. Hay que obtener más de todo lo que se pueda poseer antes de morir, el libido no es sino otra forma de la venganza a la idea de la muerte inherente a la vida. El avaro y lujurioso es el desdichado que se queda triste en las noches, esperando no morir ese día –pienso en el viejo Feodor Pavlovitch Karamazov. Triste y estúpido es ver muerte donde hay vida. Si bien la muerte es el fin de nuestra primera naturaleza como seres orgánicos, no así la de nuestra segunda naturaleza, como nos enseñó el estagirita. Ésa en la que la dignificación y completitud del ser hombre por medio de las virtudes lo hacen un ser dichoso y feliz, y no sólo un desgraciado payaso de la nada.

El deseo del bien mayor es lo que nos salva de la muerte orgánica, pues es el dulce cansancio que da la búsqueda por la verdad lo que nos va mostrando un camino, en lugar de dejarnos en sombras. La Ética nos impulsa no sólo a aceptar un modo de vida, sino a cuestionar esto que llamamos hábitos, ideas, deliberaciones, conciencia, introspección, comunidad, diálogo, para, como el caballero andante, tratar de hacer el bien. En el otro camino, lo que nos queda aceptar es que la vida, sin una idea y búsqueda por el bien, nos deja parados en medio de una turbulencia bioquímica que se irá degradando sin haber conseguido ni verdad, ni felicidad. La furia es lo más normal, ¿no? La vida es una manifestación del bien; la muerte digna igual; la vida sin bondad, es un abismo, por esto, tratar de vivir bien ennoblece tanto a nuestra parte animal, como a nuestro ser humano, o recordadno un mito, una diosa nos conduce hacia el cielo.

La idea de la muerte, de lo inerte sin sentido nos enajena de la posibilidad de humanidad. La muerte nos hace esclavos de una ola de violencia y poder, en la que todo se irá al abismo. Pensemos por un momento en México. Hace unos meses se declaraba que habíamos tenido el mes más violento en los últimos 20 años, con lo cual se indicaba que los homicidios habían alcanzado un record, que me temo, podríamos superar. El narcotráfico, que es la cultura de la muerte y por la muerte, en la que el capo secuestra vidas, ordena estados, junto a la corrupción que permite que otros decidan por nuestras vidas, son el cáncer ideológico y real en que se desenvuelve la existencia del mexicano. Nosotros pensamos que el capo debe morir, y él piensa que nosotros nacimos para morir divirtiéndolo. Pero esto sólo sucederá si decidimos morir en vida, si decidimos no actuar, y antes que nada, si no nos ponemos a pensar qué es lo que vamos a hacer para mejorar el país, la vida, dignificar a los que ya no pueden luchar por ellos mismos –Hablo de los desaparecidos y de los que tienen que ser parte del crimen sin desearlo, sino por el temor a la muerte. A éstos hombres no les debemos otorgar perdón, sino por el contrario, pedirles perdón por haberlos dejado solos ante el monstruo voraz, al tiempo que les debemos enviar la pronta justicia que no pueden pedir por sus propios labios.

El monstruo voraz de la muerte consume buscando el hambre, es decir, el agravio que lo justifique. Caer en sus fauces es renunciar no sólo a la vida, sino al amor por vivir. Nos volvemos carne de hienas. Evitemos el suicidio social y hagamos juisticia, perdòn, dignidad.

No hay muerte pervertida, sino vida digna, despertemos y busquémosla.

Javel

Encrucijada

Encrucijada

Algunas noches al salir del trabajo tengo la suerte de encontrarla. Siempre nos topamos en el vestíbulo del edificio en que laboro. Es un pasillo largo al que lo rodean, si así se le puede decir al nulo encubrimiento, unos grandes pasillos de cristal. Yo sé que ella se incomoda de mi vista, pero también advierto que busca mi compañía, o mejor, no mi compañía sino mi presencia al caminar. Le incomoda estar sola, y me elije para algún plan secreto, quizá rescatarme de algo siniestro. Seguramente soy el último en una lista larga de pretendientes de esta beldad. También soy el último en salir del edificio, y eso es muy provechoso para ella y sus ansias de andar.

Solos nos acompañamos en el camino que va a casa, he de decir a mí casa, pues en realidad nunca he podido ver hacía dónde se dirige una vez que nos separamos, sólo sé que se adentra en la noche esperando encontrar a alguien más con quien seguir su camino. Esto lo sé y jamás hemos cruzado palabra. En sus ojos, que son mis ojos, veo la sentencia: “la noche es muy fría y muy grande para entrar en ella sin compañía.”

Mientras caminamos sin hablar ya hemos recorrido tres cuadras desde el edificio en que trabajo. Pronto llegamos hasta aquella esquina a la que llaman de la luna. Es un pequeño páramo en medio de la ciudad donde jóvenes, casi niños, juegan algunas suertes con bicicletas. Todos ríen alegremente. De no ser por las risas nadie se atrevería a decir que estos personajes son la sombra del lugar. Parías que se solazan en bajezas vulgares, como tomar un poco de agua ardiente, cervezas, quizá marihuana. Pero su aspecto no es tan enviciado, todos visten de acuerdo a su estilo. Enguantados en ropas negras muy limpias y de fisonomía delgadísima cualquiera diría que son ángeles que teniendo frío han decidido prender el bote de basura. Ríen sin recato y no se avergüenzan, ¿por qué habrían de hacerlo? ¿No son más sinceros sus juegos?, sólo se mal ofende la costumbre civil. Cuando ella y yo pasamos al lado de estos bellos rufianes, tenemos que cambiar nuestro andar, ella pasa primero y yo la sigo con una cercanía más patente. Pero de golpe a nuestro acuerdo veo que ella posa sus ojos en la bebida de uno de estos niños canallas. Siento que se quiere quedar con ellos a reír en su compañía, pues su risa comienza tímida y trémula en el vaso, en los ojos, en el habla de estos vándalos. Yo sólo alcanzo a mirar de reojo cómo ella comienza a detenerse, pero ella que también me mira recupera la soledad que había perdido en esta esquina, y muy a mi pesar me sigue con gusto otra vez. Yo sé que se quería quedar. ¿Mi soledad la arrastró o fue su condena de alma solitaria? Me duele que no se quedara, pero ella pronto vuelve a reír melancólica a mí lado. Incluso siento que me toma del brazo y ríe conmigo, pero estamos tan lejos… ¿Qué soledad nos acerca, la suya, la mía o alguna establecida hace siglos?

Al ir avanzando nos encontramos ahora con el viento que me golpea de un modo suave en el pecho. A ella le ha revuelto el negro y espeso cabello que adorna su blanca piel, parece una niña en la playa, y por un momento la luz de sus ojos se apaga, pero no dura casi nada la penumbra de su ausencia. De un soplido aleja los mechones lánguidos de su cabello negro azulado y vuelve a brillar su ancha mirada.

Qué pronto hemos llegado a mi apartamento. Yo tengo que entrar y subir por las escaleras hasta el quinto piso. Miro por última vez cómo me mira entra. Al ir subiendo por las escaleras me asomo en cada una de las ventanas que dan a la calle y miro que ella va avanzando lento, casi a mi paso. Se aleja, pero sabe que la miro desde el último peldaño. Ella se va, yo cierro la puerta y pido porque otro (ojalá sea bueno) la acompañe hasta su casa. Ella me mira sobre el hombro y sensualmente me pide abandonar todo con ella y por ella,

Ojalá se hubiera quedado en su esquina. ¡Pobre bella Luna atrapada así en la ciudad queriendo liberar a los hombres!

Javel

Nosotros, el cuervo

Nosotros, el cuervo

Hace no mucho, la gente tenía la sana costumbre de escribir notas en las servilletas, al borde de los libros, en el margen del día, cuando el sol se iba poniendo y había algún tiempo para nosotros mismos. Este tiempo era ideal para pensar y repensar lo que tanto rondaba nuestros sueños. Sentábamos al cuervo frente a nosotros, lo hechizábamos para que tomara su forma humana y comenzaba la sana introspección. El cuervo comenzaba graznando o susurrando aquello que traía desde el inasequible subconsciente hasta nosotros, pero se resistía al encanto -¿o acaso nos atrapaba en el suyo?- Poco a poco el cuervo iba perdiendo su canto bestial y hermoso, para ir transformándolo en palabras claras y deliciosas. Lo incierto se tornaba claridad y cambiaba su aliento seductor por una mirada enervante. La palabra se hacía claro espacio en nosotros mismos. El secreto descubierto en aquellas noches florecía con magnificencia y se advertía a la mañana siguiente que habíamos pasado una noche en gratos ejercicios. El ejercicio marginal terminaba llenando todas nuestras horas. Cada noche, en secreto para la humanidad, sembrábamos una flor dichosa.

El cuervo jamás preguntaba: ¿qué piensas?, sino todo lo contrario, acusaba a nuestros pensamientos. Así nos divertíamos en la hora del conticinio.

Hoy que tenemos que decirle al mundo qué pensamos y en qué estado nos encontramos, lo cual es muy difícil en los pocos caracteres que se establecen, las flores que antes eran verdad o que respondían al canto de ésta, ya no se abren al canto bello y pesado de la conciencia. Ahora todas ellas huelen a plástico, pues se hacen en masa para atrapar seguidores, cuando la soledad, tierra propicia para el pensamiento, detesta a éstos. Además, lo que antes perseguía claridad, hoy que persigue fama, no florece para el pensamiento o para ser compartido como un bien, quizá como un adorno de temporada, pero nada más allá. Los intrusos a quienes les dejamos la puerta abierta para que vean nuestra intimidad son víctimas de nuestro voyerismo personal. Ansiamos ver cómo se solazan en nuestros breves y fatuos ejercicios de jardinería, pero sin que osen tocar las cenicientas creaciones nuestras, pues bien sabemos que no soportarían el tacto, por muy dócil que sea, de alguno de los admiradores. ¡Qué bueno que hoy ya nadie se detiene a observar!, y que  las palabras son arrastradas por este fluido virtual que diario nos deja en el vacío… No es extraño que a la mañana siguiente, el fruto de esta tempestad de plástico sea el estrés y el dolor por la ausencia.

Quizá para salvarnos del vacío, debamos sentarnos a platicar con nosotros, el cuervo.

Javel

Aguinaldo: Hoy es el último día del 2017 en que tú y yo, lector, compartimos unas líneas de reflexión. Hace poco leía que cuando en una reunión todos comparten el placer de estar juntos en el ejercicio del bien, en realidad el placer debía nombrarse gratitud, pues era para todos grato estar ahí. Yo agradezco mucho que te animes a acompañarme cada quince días y que vengas a visitarnos a todos los de la banda. Ojalá y nos podamos ver el año que viene, yo por aquí andaré gastando palabras. ¡Feliz año, amigo lector!

Cinismo y Dignidad

Cinismo y Dignidad

Se desconfía, por definición, de aquello que no parece bueno, -hablo en el terreno de los hechos. La desconfianza es la antesala para la investigación, así como para el sano reclamo a lo que no se hace evidente. Es por esto que la acción política debe ser clara y justa. Cuando es claro y justo el proceder de un político, de un servidor público, no sólo la confianza aparece, sino que el progreso es posible en una nación. Pues de este modo se crean lazos y guardianes del justo actuar de los hombres. La sociedad crece y se nutre en el actuar claro y justo. Pero así como la claridad se puede hacer acompañar de la justicia, también hay quien la engarza a la injusticia y al que es claro e injusto, se le llama cínico.

Por eso, la claridad –sigo en el terreno de los hechos– no sólo atiende a la estructura lógica con que se piensa y presenta un proyecto o idea, pues es claro que también se puede estructurar magistralmente una mentira, sino a la prudencia con que se reviste el hecho. El impúdico no es prudente, pues su ambición no conoce límite, es decir, no atiende a leyes, ni piensa en el bien común. El cínico es un traidor hasta consigo mismo, pues calla sus intenciones al mismo tiempo que con el pie golpea al pueblo. Pero quizá ya no haya pueblo que golpear, pues para esto se necesitan inocentes, alguien que aún dude que el mal gobierno no existe. Sin embargo durante cinco años hemos visto crecer al nepotismo, la violencia, la corrupción, el desinterés por las leyes, las cloacas que construyeron las ratas en la casa de la justicia. En fin, en cinco años hemos visto cómo crece a pasos agigantados la injusticia. La duda ya no cabe, el cínico está ahí.

La claridad del cínico es la burla, pero el pueblo a estas alturas (2017) ya no desconfía, porque ya sabe que el cinismo se impondrá. Parece que vendrá una triste realidad nuestra para el próximo Julio, pero no hay que bajar la guardia ante la burla. Hay que tomar como oportunidad el hecho de que las mismas ratas se muestran al sol, de que se desenmascaran los cerdos vampiros para retirarlos, si no a todos, al menos sí a la mayoría o a los más peligrosos. Además, si no hacemos esto, con el tiempo también enfermaremos de maldad, pues permitiremos que el cínico –asunto extraño a su naturaleza– siga socavando la ley y haciendo piruetas y laberintos que le permitan escapar a sus responsabilidades ¡Ah!, pero eso sí, conservando el poder. Así, poco a poco, estaremos bajo tierra: muertos. Pero todos sabemos que así no es la política, ya que poder significa responsabilidad y responsabilidad quiere decir: cuidar de la dignidad de un pueblo. Cuidemos de nuestra dignidad, analicemos bien las opciones que tendremos.

Javel

La amistad es mejor

La amistad es mejor

Hay un comercial circulando por la televisión –no lo he escuchado en la radio– que habla sobre lo extraordinario de una cerveza. El mensaje es claro. Hoy todo es extraordinario, lo cual nos imposibilita ver lo realmente asombroso. O dicho en otros términos, si todo es extraordinario, nada es extraordinario. Y es que hay que aceptarlo, la vida común es en gran parte ordinaria, aunque no por ello aburrida. Que sea ordinaria atiende principalmente a un orden y a un deseo por perpetuar ese orden o hábito. ¿Entonces, cuándo la vida se vuelve extraordinaria? Según el romanticismo juvenil, la vida es extraordinaria cuando rompemos las cadenas que nos sujetan a la vida común del trabajo, la familia y los amigos. Y los amigos son, en el mejor de los casos, quienes nos ayudan a romper esas cadenas, quienes se arriesgan con nosotros a ir por un rumbo quizá clandestino en donde la vida sabe más al paraíso prometido. Y todos tenemos amigos; todos tenemos, por eso mismo, una vida en parte extraordinaria.

Con los amigos la vida siempre es maravillosa y sabe mejor (éste es mi comercial sobre la amistad). La amistad nos acerca a lo mejor de la vida y a ver mejor la vida misma. Quizá por esto mismo Aristóteles no concebía a un hombre feliz sin amigos. El mejor de los bienes políticos va acompañado de la amistad. Pero acercarse a lo mejor, implica si no un conocimiento, al menos sí una ligera intuición de lo que es el bien. No nos hacemos amigos de malvados, a menos de que estén o estemos fingiendo. Y esto último es el gran problema, ya que si todos somos extraordinarios como lo muestran nuestras vidas virtuales, entonces resulta que o no necesitamos amigos, ya que vivimos maravillosamente, o que hemos logrado una sociedad de virtud pura, sin necesidad de practicar el bien. Si no se practica el bien, si no se ejercita la reflexión sobre el bien, la amistad corre el riesgo de ser una asociación de malvados. Nadie quiere hacer un mal a su amigo.

Si revisamos la otra propaganda de la amistad que es la literatura, vemos que en Narciso y Goldmundo, en El viejo y el mar, los diálogos de Platón  o en Platero y yo, de los amigos, siempre uno de los personajes es mejor persona, es más sabio, más bello, más valiente, es en suma mejor. El amigo es, en el mejor de los casos, también un maestro. Reconocer que mi amigo es superior que yo, no me apabulla del todo, sino que me instiga a imitarlo, a acercarme no sólo a lo que sabe, sino a compartirlo con él en una larga caminata o sentados a la mesa tomando un café (anuncio que ya me agrada más el café).

Si ya no reconocemos lo mejor, no iremos en su búsqueda, ni agradeceremos su compañía. Ingratos y solos nos deja este mundo virtual. Por esto, yo reconozco, al igual que Juan Villoro, que mis amigos son mejores que yo.

Javel

Para seguir gastando: Ahora que el Frente por México se anuncia como la nueva alternancia para las elecciones del 2018, habría que preguntarse con qué fundamentos democráticos entraría al poder, si es que gana, es decir, qué sustentaría su veracidad política, si resulta que las instituciones como el INE, ya están resquebrajándose. ¿No tendrían que restaurar el suelo de las instituciones para tener suelo firme? O, hay que estar atentos al modo en que sustentarán su ejercicio político.  ¿En qué consiste su alternativa? No queda claro por qué no sólo es una coalición de partidos como ya lo hemos visto antes.

La última y nos vamos: Hoy se cumplen 44 años de la muerte del gran José Alfredo Jiménez, les comparto una de las que creo de sus mejores canciones: Dios te señaló